jueves, 23 de noviembre de 2017

Una librería en Berlin, de Françoise Frenkel

Una librería en Berlín es un libro muy bonito. En general, me están gustando mucho las historias que nacen de experiencias reales, en donde el autor/a es el protagonista de su historia -o al menos algún personaje dentro de ella. Una librería en Berlín es el diario de una constante huida; es el diario de una librera huyendo -y sobreviviendo- del fascismo durante la II Guerra Mundial. Y su autora, una judía amante de los libros que escribe y escribe sobre cómo debe emigrar de una ciudad a otra buscando contención, comprensión y complicidad.

El dato curioso de este libro, publicado por primera vez en Ginebra el año 1945, es que la obra fue re-descubierta recién el 2015 por un escritor francés quien se interesó en la historia, compartiéndola  con su círculo literario, sin conocer nada sobre la autora. De este modo, llega a una conocida editorial francesa y este año es publicado en español por la editorial Seix Barral, logrando convertirse en todo un éxito, a más de setenta años de su publicación original. Éxito, porque se trata de un libro sencillo,  sin mucho maquillaje y con un lenguaje sobrio sin pretensiones.

Poco se sabe de la autora-protagonista. Y eso es, precisamente, a mi modo de ver, lo que convierte esta obra en algo sumamente rico: el misterio que envuelve su producción. Difícilmente podemos imaginar su apariencia física, no existen fotografías sobre ella, solamente algunos documentos que demuestran que efectivamente se ocultaba de los nazis (un documento de sus baúles en bodega lo demuestra). Efectivamente, se trata de la «carta de una desconocida», como lo señala Patriclk Modiano en su prólogo.

Françoise Frenkel es una mujer polaca, con estudios de literatura en París, ciudad donde reside varios años antes de instalarse en Berlín, atractiva capital intelectual de los años veinte. Es en esta amada ciudad donde decide instalarse con una librería, pero no cualquier librería, sino una muy especial para ella: una librería que solo disponía de libros en francés, su lengua y cultura predilectas. Su decisión se convierte en todo un éxito, pues, a pesar de lo dificultoso que parecía eso en Berlín, pronto la librería comienza a albergar a diplomáticos e intelectuales del sector, convirtiéndose en un centro clave de la vida bohemia berlinesa.

Algo que me gustó mucho es la pasión con que la autora relata su relación con la literatura, especialmente, el formato de los libros. En diversas páginas expresa esta pasión por las letras y el mundo que les envuelve “Mis regalos preferidos eran los libros, que se acumulaban en las estanterías de las paredes de mi habitación de niña”. Asimismo, nos describe el verdadero arte y vocación de ser librero/a, sobre cómo aprender a conocer a las personas y los libros: “Aprendí así a conocer a los «clientes» del libro. Me esforzaba por penetrar en sus deseos, por comprender sus gustos, sus opiniones y sus tendencias, por adivinar las razones de su admiración, de su entusiasmo, de su alegría o su descontento por tal o cual obra” (¡que todxs los libreros/as sean así!).

Eso al principio del relato. Prontamente, la historia da un violento vuelco, cuando Françoise se ve obligada a emigrar debido a la persecución nazi. De allí en adelante, su historia se convierte en la historia de la superviviencia. Una serie de ciudades, anécdotas, tristezas y variopintos personajes aparecen y desaparecen de la historia, quedando siempre la protagonista, sola. La forma de narrar empleada por la autora es cautivante, a veces logra emocionar, pues, nos hace parte de su dolor al no poder vivir su vida con tranquilidad, “yo amaba la vida, y la idea de volver a ver a mi madre y a los míos me daba la energía para buscar la salvación”. La desesperación, la incertidumbre y la indiferencia son sentimientos con los que debe lidiar a diario, pero siempre agradecida de las buenas personas con quienes se encontraba en el camino, quienes sin pedir nada a cambio le ayudaban, a ella y a tantos otrxs.

La autora se desespera, se sincera en sus hojas en blanco, es honesta consigo misma. En el fondo, nos invita a ser quienes somos cuando nadie nos lee/ cuando nadie nos mira. ¿Somos capaces de expresar los mismos sentimientos? Quizás no. Aquí entra el importante y principal componente de esta obra, a mi modo de ver, la memoria y el olvido. La constante dialéctica entre una y otra. El relato que pudo ser olvidado, que pudo quedar oculto, pero que logró ver la luz por un accidente. El relato de la memoria como vehículo para movilizar y visibilizar aquello que fue silenciado.

lunes, 23 de octubre de 2017

A sangre fría (1966), de Truman Capote


A sangre fría es todo un clásico dentro de la literatura contemporáneo y su autor, Truman Capote, uno de los escritores estadounidense con mayor reconocimiento mundial. Conocía a Capote, pero no de manera literaria, sino por la película Breakfast at Tiffany’s, de cuyo libro él es el autor (sí, es un libro!).


Hay mucho que decir sobre este man, ciertamente fue un atractivo personaje dentro de la escena literaria del siglo XX, destacando por su abierta homosexualidad, sus excéntricas amistades, su vestimenta y sus osadas columnas de opinión en diarios neoyorkinos -tal como él mismo señaló en una entrevista: "Soy borracho, soy drogadicto, soy homosexual, soy un genio".

Pero además destacó por ser el creador de un nuevo género literario -o periodístico-, el de la novela de no ficción (Non-fiction novel). Este género combina a la perfección la novela y el reportaje, es decir, la ficción y la realidad, a través de una rica narración. Cabe mencionar que varios/as autores/as utilizan esta forma de recrear historias, uno que me gusta mucho es Emmanuel Carrère, con su El adversario.


Capote relata en tercera persona el macabro asesinato de los cuatro integrantes de la familia Clutter, en un pequeño pueblo del estado de Kansas. Los Clutter eran una tradicional familia norteamericana de los años cincuenta, se dedicaban al cultivo de sus campos y a mantener las costumbres y buenos hábitos de su religión. El padre, Herbert, era un hombre catalogado de intachable, sobresalía por su carácter amistoso y la fortuna que poseía sin hacer alarde de ella, más bien al contrario, era bondadoso y protector de sus empleados. Su señora, Bonnie Fox, era tímida, delicada y retraída, sufría de depresión, lo que la convertía en la integrante más opaca de la familia. El matrimonio tenía cuatro hijxs: Eveanna, Beverly, Kenyon y Nancy, estos dos últimos, aún adolescentes, vivían con sus padres en casa, destacándose por ser estudiosos y afables. En general, la familia se caracterizaba por llevar el emblema patrio y sus costumbres, siendo muy queridos y respetados en el pueblo. Por eso nadie se explicaba cómo era posible un crimen de tal magnitud, con tanta cizaña.


Al avanzar las páginas, Capote va mezclando la historia de los Clutter con la historia de Dick y Perry, dos jóvenes errantes, sin rumbo, ex penitenciarios. La gracia está en conocer cómo ambas historias se cruzan hasta convertirse en una sola. ¿Qué tenían que ver los Clutter con dichos jóvenes? ¿Por qué Dick y Perry los conocerían? ¿Qué tipo de misterio se encierra en esta relación? En resumen, A sangre fría explica cómo el pueblo de Holbcomb se estremece ante el asesinato de esta familia, crimen sin ningún sentido aparente y cómo los asesinos son capturados y sentenciados.


Es interesante leer cómo el autor logra minuciosas descripciones de sus personajes, especialmente de Dick y Perry, lo cual nos permite adentrarnos en sus personalidades, historias íntimas y a encontrar alguna explicación a lo sucedido. Ambos personajes eran muy diferentes entre sí, con vidas distantes y formas de pensar muy distintas. Llama la atención la meticulosidad con que el autor aborda estos temas, siempre desde la indiferencia y la observación detallada.


Desde mi punto de vista, lo extraordinario de esta obra es el metódico trabajo de investigación que se llevó a cabo. Capote investigó por casi cinco años este crimen; se interesó en el caso apenas leyó la noticia en los diarios, y posteriormente se dedicó a recopilar información y diversos documentos, llevando a cabo un rígido trabajo de campo, digno de su labor como periodista -su oficio principal. La reconstrucción de este crimen real transita entre los límites del periodismo y la literatura. El trabajo realizado por Capote incluyó la compañía de su amiga Harper Lee, también escritora, autora del famoso Matar un ruiseñor, y juntxs estuvieron por meses en Holcomb, realizando entrevistas y observación en terreno para comprender las costumbres del poblado.

A Sangre fría es un libro que intriga, que te atrapa. Al principio me costó tomarle el ritmo porque es un libro más bien gordo (casi 400 páginas), pero luego no podía dejar de leerlo, porque en cada página la historia vuelve a abrirse a múltiples posibilidades, sospechas e interrogantes. Me gustó y si lo pueden leer, ¡genial!


domingo, 4 de junio de 2017

Sumisión (2015), de Michel Houellebecq

Houellebecq es un reconocido poeta, novelista y ensayista francés, considerado uno de los máximos exponentes de la llamada “nueva narrativa francesa” (Nouveau Roman) de finales del siglo XX y comienzos del XXI, junto a otrxs escritorxs como Emmanuel Carrère, Patrick Modiano y Amélie Nothomb, por nombrar solo algunos. Las principales características de esta nueva narrativa son el lenguaje afilado y mordaz, el amor como constante interrogante, el reconocimiento del problema del otro como tema relevante y el contexto sociopolítico actual como escenario de representación. De todos modos, es importante señalar que escritores, como R.Bolaño indican que hablar de literatura de x país no es más que un prejuicio, pues, se cae en un reduccionismo aberrante, ya que “la literatura no tiene nacionalidad”. Podemos o no estar de acuerdo (yo difiero bastante), pero lo que sí se puede destacar en Houellebecq, es su sentir pesimista y contradictorio frente a esta postmodernidad tan vulgar y compleja.

Sumisión se enmarca en una futura Francia del 2022, año convulsionado por la elecciones presidenciales que, ante los débiles partidos tradicionales, dan el triunfo al Partido Fraternidad Musulmana, cuyo líder Mohamed Ben Abbes se convierte en el primer Presidente musulmán del país, personaje ficticio que derrota a Marine Le Pen (candidata real a la presidencia francesa, por el Frente Nacional -ultraderecha-). En este contexto, François es el protagonista narrador: un tranquilo profesor de la Universidad de la Soborna, soltero, alcohólico, además de enamoradizo, nostálgico y poco tradicional galán -nada atractivo- y con varios problemas a la salud.

En esta novela es imposible disociar el mundo de lo público con el de lo privado. Constantemente, François realiza diversos comentarios y acotaciones sobre el complejo escenario en donde la llegada al poder de la Fraternidad Musulmana remueve tanto lo político como las relaciones sociales y personales, convirtiendo a Francia en el primer país europeo-musulmán: se intenta privilegiar un proyecto educativo centrado en la religión como elemento unificador y formador de una nueva ciudadanía dominada por hombres, que relega a las mujeres a las labores domésticas y familiares. Asimismo, se instala la poligamia como forma de hacer familia y el Corán como regla moralizante ante una sociedad corrompida. Entre tanto, François nos cuenta sobre sus amoríos, su contrariado oficio de profesor y el competitivo mundo de la academia, dispuesto a callar por la obtención de beneficios personales.

La publicación de Sumisión provocó un profundo revuelo mediático en Europa, especialmente, debido a que el mismo día en París se perpetró un atentado a las oficinas del semanario satírico Charlie Hebdó, en cuya portada aparecía Houellebecq a modo de profeta, con su reciente libro publicado. Desde el primer día, Sumisión desató una polémica, deseada o no por su autor. Se le acusó de islamófobo, de querer desprestigiar la imagen de los musulmanes en Francia, país en donde la migración es cada vez en un tema más delicado, debido a las crecientes protestas antimigratorias, raciales y ultra-nacionalistas. Esta atmósfera no deja de ser relevante para comprender la discusión suscitada por Sumisión, al mismo tiempo que dejaba el camino listo para ser un éxito de ventas en todo el mundo.


En fin, a modo personal, varios puntos se observan como interesantes. En primer lugar, la literatura, o el amor-odio hacia ella que profesa el protagonista narrador. La literatura como forma de expresar quiénes y cómo somos; la libre expresión como única arma para salvarnos y la entrega total hacia la honestidad de las letras. La relación de  François con Huymans -escritor de cuya obra realiza su tesis doctoral- se torna real y, apasionante, pues, “Igualmente, un libro que nos gusta es ante todo un libro del que nos gusta el autor, al que deseamos conocer y con el que apetece pasar los días”. Por otro lado, aparece la personalidad del protagonista como la de un ser agobiante, oscuro y sin mayores ambiciones.  François, un cuarentón incapaz de expresar sus sentimientos de manera clara, aparece oculto tras la máscara -o realidad- de un hombre frío sin una vida propia, fuera de las salas de clases. Este protagonista narrador se mueve en órbitas parecidas a las que trata Houellebecq en otras obras: política y sexo.

En segundo lugar, otro punto relevante es la descripción que realiza sobre la política como aparato más bien pragmático, y no tanto ideológico: “La mayoría de la gente parecía haberse cansado de oír hablar del tema [las elecciones presidenciales] y, en el entorno que frecuentaba, el cansancio había aparecido antes que en otros sitios: ocurriría «lo que tenga que ocurrir», así podría resumirse el sentimiento general”. La sociedad francesa es descrita como una sociedad apolítica: sin definiciones claras sobre el futuro compartido-deseado, y que no apunta a grandes transformaciones sociales, sino más bien a la seguridad en temas valóricos y morales -en una especie de “vuelta al tradicionalismo”. En el libro, el partido musulmán capta ese malestar y logra liderar la «crisis de los valores».

Finalmente, un aspecto relevante, y muy relacionado a los anteriores- es el marcado nihilismo del protagonista y su recurrente nostalgia sobre el pasado. François observa en el futuro del país -liderado por el partido musulmán- una auténtica solución a sus problemas existenciales: cierta estabilidad económica, social y espiritual abre esperanzas para su inalterable y apacigua vida: “Que mi vida intelectual había acabado era una evidencia cada vez más obvia, aún participaría en vagos congresos, viviría de mis restos y de mis rentas; pero empezaba a adquirir consciencia -y eso era una verdadera novedad- de que, probablemente, habría otra cosa”.

Sumisión es un libro que me gustó, especialmente, porque se trata de una historia actual que representa de buena forma algunas cuestiones políticas fundamentales: la apolitización de las masas, el desencantamiento del mundo, la exageración y la vuelta al tradicionalismo en su faceta más temida por algunos franceses: el islamismo. Si bien, pienso que el libro trae algunos excesos, es sin dudas una buena lectura para reflexionar sobre la política y sus formas de penetrar en nuestras vidas privadas.



domingo, 14 de mayo de 2017

La analfabeta que era un genio de los números (2014), de Jonas Jonasson

Llegué a este libro en una visita a la Feria del Libro, andaba buscando algo nuevo y el librero me habló sobre este autor, especialmente, sobre su primera novela El abuelo que escapó por la ventana y se fugó, pero su precio era ridículo (20k, wtf). Así que me decidí por La analfabeta que era un genio de los números… y pienso que la historia de Nombeko Mayeki es fresca y entretenida: no contiene espacios melancólicos o reflexivos, y sí promete más de alguna risa.


El autor

Jonas Jonasson, el autor, es un periodista y escritor sueco. El 2009 publicó su primer libro El abuelo que saltó por la ventana..., el cual se convirtió prontamente en súperventas, vendiendo más de 15 millones de copias (¡La película está en Netflix!). Esto le valió el reconocimiento del mundo literario, con lo cual dejó su oficio anterior para dedicarse de lleno a la escritura. Lo que he leído sobre ese libro es que es muy divertido y que contiene la misma lógica que La analfabeta...: una historia mordaz con personajes ficticios y reales desplegados en un escenario globalizado.

En resumen, puedo decir que La analfabeta... es un libro ameno -jaja, odio esa palabra. Se lee de forma rápida porque está escrito en un lenguaje coloquial y muy sencillo. Trata la increíble historia de Nombeko Mayeki, una niña sudafricana que trabaja desde los cinco años limpiando baños en un barrio/gueto; esto, durante la época del Apartheid, lo cual enmarca la historia en un contexto de sufrimiento, discriminación y dominación social. Tal como señala el autor muy al comienzo del libro: “Si eras negro, sucio y medio desdentado, no tenías ninguna posibilidad de encajar en el mundo blanco de la Sudáfrica de los años sesenta, por más rico que fueses”.


Nombeko, sin embargo, sabe doblarle la mano a su destino, ya que posee una habilidad insólita con las matemáticas y, además, un intelecto muy superior que la hace acercarse a nuevos conocimientos. Un día su vida cambia para siempre, cuando es atropellada por un ingeniero ebrio, por lo que es condenada a servirle durante 7 años. Desde ese momento, se ve expuesta a una serie de acontecimientos fuera de toda lógica, llegando a participar en la fabricación de 7 bombas atómicas, terminando con una de ellas en Suecia, “Una bomba atómica extraviada en Suecia durante veinte años. Madre mía, ¡inadmisible e inconcebible!”. La historia es sobre cómo sobrevivir al cuidado de la bomba, mientras curiosos personajes entran y salen de la comedia.


Pero también está la historia paralela de Ingmar, el desquiciado padre fanático de la idea de revocar el régimen monárquico de Suecia, para lo cual con su mujer conciben dos hijos Holger 1 y Holger 2, quienes legalmente son una sola persona: solo inscribe a uno de ellos en el Registro Civil, mientras que el otro es ilegal desde su nacimiento.

Algo que me gustó mucho es que este libro mezcla de forma original la ironía /o idioteces/ con la agenda política del mundo real. Al comienzo, el autor pone como escenario la Sudáfrica del Apartheid, luego aparece la Guerra Fría y posteriormente la historia se traslada a la Suecia moderna, con sus pequeños pueblos esparcidos. De modo que nadie se salva en esta historia, todxs son retratados de forma sarcástica, sin guardar pudor o respeto a ciertas figuras, entre ellas, la monarquía sueca, el Primer Ministro de dicho país, el mítico Nelson Mandela y Jimmy Carter, entre otros. Pero lo hace de manera divertida, con frases cortas que sacan alguna risa.

Esta historia está construida en base al sinsentido, pues, ocurren situaciones que rayan en lo absurdo , pero que son relatadas como naturales. Asimismo, no es de extrañar que excéntricos personajes se tomen la obra: el chalado detractor de la monarquía, el borracho ingeniero Westhuizen, los antagónicos gemelos Holger y Holger, el trío de irresponsables hermanas chinas, la rebelde Celestine, y tantos otros que ya no recuerdo. Claramente, no es un libro inspirador o que dé para mucha reflexión, pero si tienes tiempo y ganas de leer algo para distraerte, ésta puede ser la opción. No es más que eso. Chao.


Portada del libro
Editorial: Salamandra
Pgs: 413

miércoles, 10 de mayo de 2017

La democratización parcial y frustrada de la sociedad chilena

La sociedad chilena sigue sosteniéndose sobre premisas no democráticas. Allí reside su no modernidad, y allí también se debe centrar el combate a la pobreza. Los procesos de destrucción de los valores de la cultura conservadora oligarquizante —el radicalismo, el freísmo y el populismo allendista— fueron todos frustrados. En cada caso se impusieron, por crisis internas o por rupturas violentas, movimientos de restauración. Se modernizaron las faenas de los fundos y haciendas, pero no cambiaron sus relaciones sociales fundantes. La servidumbre no fue abolida. Se exportó salitre al mundo, pero las condiciones de trabajo se mantuvieron inalteradas. Se modernizó en este siglo la infraestructura tecnológica industrial del país, pero no se "revolucionó" de la misma suerte el trato entre las personas, las relaciones culturales, las viejas normas clasistas predemocráticas que dominan esta sociedad. 

En algunos aspectos ligados a la economía, se podría decir que la elite se ha modernizado, por razones absolutamente naturales y propias de los tiempos; pero en sus relaciones sociales, en su visión del otro, del pobre, del trabajador, del medio pelo, del resto de la sociedad chilena, no ha cambiado un ápice. La clase dirigente reproduce las relaciones más tradicionales en el ámbito social, y la clase dirigente política reproduce, también de manera sostenida, el clientelismo que ha sido tradicional en nuestras actividades públicas. 

La modernización del Estado, tema central en el futuro próximo, no es sólo un asunto técnico o tecnológico. No se trata únicamente de computacionar las actividades administrativas, sino de establecer una relación diferente entre el Estado y la sociedad. La ausencia de relaciones ciudadanas plenamente desarrolladas es sustancial a la permanencia de bolsones de pobreza. La experiencia muestra que el clientelismo y caciquismo han conspirado contra los programas de desarrollo y los destinados a erradicar la pobreza y la miseria social. La relación vertical entre el Estado y las personas no permite el desarrollo sostenido de éstas o de sus grupos sociales, sino que refuerza las relaciones asistencialistas, de caridad, de carácter tradicional.

(Extracto)
LA COMUNIDAD PERDIDA: Ensayos sobre identidad y cultura:
José Bengoa
1996

Zamacueca, de Arturo Gordon (1883-1944)


lunes, 20 de marzo de 2017

Memorias de una superviviente (1987), de Doris Lessing

Llegué a este libro por casualidad. No lo estaba buscando, pero en cuanto lo vi pensé que sería bueno leer algo de esta autora, Premio Nobel de Literatura del año 2007. Doris es considerada una de las escritoras más inagotables de su generación: ha escrito novelas, cuentos, poemas y ensayos, moviéndose entre diversos géneros literarios. Doris Lessing se caracterizó por el marcado llamamiento al feminismo en sus escritos, pero además por el compromiso político y social inmersos en ellos, lo cual le valió diversas críticas; incluso de ella misma, pues, en sus últimos años manifestó no sentirse cómoda con ese “encasillamiento”. Destacan las obras El cuaderno dorado y El quinto hijo entre sus principales composiciones en donde lo femenino y la ruptura  posmoderna adquieren principal significación.


Desde el comienzo me costó mucho leer esta historia: no le seguía el hilo, no me llamaba mucho la atención, lo tomaba y lo dejaba intercaladamente, en fin, no me convencía. Pero, atenti, que es sólo un acepción muy personal. Memorias de una superviviente es una novela muy particular que retrata la historia, en primera persona, de una mujer madura y Emily, la desconocida niña que irrumpe en su vida de la manera más extraña posible. La narradora parece llevar una vida tranquila, a pesar de los hechos que ocurren alrededor, pero la llegada sorpresiva de Emily sacude su cotidianeidad, puesto que debe hacerse cargo de la menor sin siquiera conocerla.

La historia se divide en dos planos aparentemente disímiles. Por un lado, aparece la historia “real”, la historia de los hechos concretos; y, por otro lado, aparece la historia “ficticia” o surreal, entendida así debido al traspaso que realizan las protagonistas en el tiempo y el espacio, con el sólo hecho de atravesar las paredes del departamento, entrando a un mundo paralelo, difícilmente situable.

En el mundo de lo “real”, en medio de un escenario marcado por una crisis desconocida, la mujer narradora, solitaria y apacible, debe hacerse cargo de Emily, quien es abandonada por un hombre en su departamento. La narradora nos cuenta que hay una especie de tragedia político-social en el país donde vive: casas deshabitadas, personas errantes deambulando por las calles, desabastecimiento de los locales comerciales, crisis y corrupción del gobierno de turno, entre otros aspectos, los cuales nos señalan cas ambios en las relaciones sociales y políticas de los individuos, especialmente, en aquellos provenientes de lclases bajas y medias del desconocido país en cuestión. Sin embargo, no quedan claras las razones de estos acontecimientos, en ningún momento se menciona aspectos que nos puedan dar alguna pista.

Por otro lado, en el mundo de lo “fictioso” ocurren cosas intensas, muy relacionadas al pasado y presente paralelo de Emily. Las situaciones que logra observar la narradora son a veces dulces, a veces violentas, pero que, en parte, contribuyen a moldear y adentrarse en la psicología de la niña. En todo caso, este traspaso del mundo real al ficticio, y viceversa, es expuesta con total naturalidad, lo cual en un comienzo puede distraer al lector/a.

La curiosa historia de Emily nos es contada a través de la voz narradora, quien relata los hechos de manera prudente y pasiva, sin emitir juicios de valor al respecto; aspecto que llama mucho la atención, pues, todo o casi todo lo que sucede pareciera salir de la norma. La narradora -de quien no sabemos su nombre- y Emily permanecen mucho tiempo encerradas en casa, mirándose mutuamente, compartiendo la comida y las tardes de ocio entregadas a la lectura y la cocina. A medida que avanza la historia, Emily comienza a crecer, adquiriendo un carácter más decidido y veraz; asimismo, va trabando nuevas amistades, como con la pequeña June, Gerald  y el resto de los niños y niñas a quienes deben cuidar posteriormente. Se torna atractiva la trama en cuanto Emily crece y va tomando conciencia de su entorno y de las injusticias sociales acaecidas en su sociedad dañada y desesperanzada. Frente a la descomposición de los lazos sociales se desarrollan nuevas formas de autogestión lideradas por Emily, quien aparece como la figura central de la historia.

Entre los principales puntos de interés destaca cómo la autora combina lo social, lo humano y lo político en una misma narración. Doris llama a reflexionar sobre si es realmente posible que crisis así pudiesen darse en sociedades occidentales; además, nos llama la atención sobre las injusticias sociales y las formas colectivas de hacerles frente, pero también sobre las dificultades que guarda la juventud, fuera de los juicios morales y existenciales.

Otro punto interesante es que Doris hace de las mujeres las verdaderas protagonistas de sus historias, aspecto no menor en un mundo repleto de literatura representada por lo masculino como lo universal. Los escritos de Doris Lessing son considerados como feministas, en especial esta obra, en cuanto resaltan especialmente las características de sus mujeres protagonistas, fuera de todo romance, y capaces de hacerse cargo de situaciones adversas, tanto en el plano de lo público (Emily liderando agrupaciones autogestionadas)  como en el de lo privado (la mujer narradora cuidando de Emily, haciéndose cargo de esta “otra”). Sin embargo, es importante destacar que esta denominación no gustaba a la autora, quien en variadas entrevistas criticó al movimiento feminista por su afán de querer “destruir a los hombres”. Y, paaaaaff, claramente, Doris no entendió nada.

Como no hay muchas cosas claras en el libro, se permite al lector/a hacer diversas inferencias sobre el pasado, presente y futuro de las protagonistas y la sociedad a la que pertenecen. Sin embargo, en lo personal, mi experiencia con esta lectura fue extraña. Como comenté, la comencé hace un buen tiempo, pero no enganchaba con la historia, se me hacía aburrida o demasiado extraña, o no lograba cuajar los diferentes niveles y escenarios. Pero quise darme otra oportunidad y la leía camino al trabajo. Después la dejé nuevamente, pero porque había perdido el libro. Luego, lo encontré (detrás de un mueble en mi pieza, jajaja) y me propuse terminarlo sí o sí. Así que, mi experiencia, en realidad, no fue tan buena como me hubiese gustado. La novela posee un elevado nivel de abstracción: variados personajes sin rasgos específicos, escenarios inciertos, mezcla de realidad y compleja fantasía entrecruzadas. En fin, ¡léala si todo lo anterior se le hace interesante!

Portada del libro
Editorial: DeBolsillo
Pgs: 223

sábado, 18 de febrero de 2017

El beso de la mujer araña (1976), Manuel Puig

El beso de la mujer araña narra la historia de la intensa amistad entre Valentín Paz y Luis Molina, en el contexto de una dictadura militar del Cono Sur, por los años setenta. La historia, a simple lectura, es sencilla y transcurre en la celda que ambos comparten en prisión. Molinita, como amistosamente le llama Valentín, se constituye como un persona adorable, muy sentimental, la figura clásica del homosexual afeminado, fanático de las películas y muy preocupado por su familia, especialmente, su madre. Molinita cae preso por una supuesta corrupción de menores, sin embargo, él señala que “todo fue por amor”, que se enamoró perdidamente de un joven muchos años menor que él. Por su parte, Valentín es un revolucionario de izquierda que desafía la dictadura argentina de Videla. Muy contrario a la figura de Molinita, Valentín se muestra como un tipo duro, racional, muy disciplinado con la lectura de literatura marxista y decidido a luchar por una sociedad más justa. Valentín cae preso por las razones obvias. Tal como se aprecia, se trata de dos historias diferentes, de dos personalidades casi opuestas, pero que tienen en común la lucha por sus ideales.


Ambos comparten el día a día en la cárcel, pasa el tiempo y van construyendo una intensa amistad, compartiendo noches de boleros, relatos de películas y conversaciones sobre sueños y anhelos, en las cuales Molina siempre se muestra más ingenuo y romántico, en el amplio sentido de la palabra. En cierto sentido, este libro me recordó mucho a Tengo miedo torero del gran Pedro Lemebel, ya que también trata sobre la potente amistad entre un homosexual, travestido, y un joven revolucionario del FPMR, durante la época de la dictadura en Chile. Este parecido se debe, además, a que en ambas novelas se posiciona a la figura del homosexual de manera afeminada y desde la marginalidad social.


El beso de la mujer araña fue publicada en 1976 en México, país donde Puig huyó tras ser amenazado por grupos paramilitares argentinos. Sin embargo, la obra fue prohibida en Argentina, su país natal, principalmente debido a cuestiones ideológicas: diversas fuentes señalan que la imagen del revolucionario seducido por un homosexual va contra la imagen de revolucionario hombre de izquierda. En este sentido, El beso de la mujer araña, a través de su relato, supone un importante cuestionamiento al orden establecido, tanto político como moral. Las dictaduras del Cono Sur aparecen recurrentemente como escenografía de la novela latinoamericana. Bajo este contexto, y posteriormente, han surgido diversas obras que detallan diversos modos de ser y hacer en dictadura. En este caso, la dictadura no es el tema predominante de la novela, sino más bien el telón de fondo sobre el cual se desarrolla la trama.


De todos modos, pese a lo escandaloso que resultó ser su publicación, se han realizado diversas adaptaciones de la obra desde distintas géneros: comedias musicales, películas y obras de teatro. Estas adaptaciones reflejaron el éxito que Puig logró obtener contrariamente a las críticas y censuras a su obra. La literatura de Puig no dejó indiferente a la crítica y el público: desde la admiración de algunxs hasta el repudio de otrxs.


Lo interesante es que durante el desarrollo de la historia no ocurren situaciones excepcionales, sino más bien se trata de un relato tranquilo, en cámara lenta, pero que nos introduce por completo en él; muy especialmente, a mi modo de ver, por la ausencia de un narrador. Lo que hace Puig es contar la historia a través de diálogos entre los dos protagonistas, de manera tal que el lector/a va construyendo la conversación según asuma la palabra para tal o cual personaje. Esto me generó cierta confusión, ya que a ratos las voces de los personajes se fundían y ya no sabías quién estaba hablando.


A lo largo de la historia, uno de los elementos que más llama mi atención es la construcción lo femenino y lo masculino como dos polos opuestos –y muy acordes a cómo se entienden de la manera tradicional. Molina se define y se nombra a sí mismx como una mujer, y actúa de acuerdo a lo que tradicionalmente se entiende como una: muy dócil, muy servicial, muy sentimental, etc. Valentín, en cambio, se construye a sí mismo como lo antagónico –o al menos en un comienzo: el tipo racional, frío, valiente y varonil. De este modo, el autor traza un discurso que va reproduciendo, y desafiando al mismo tiempo, los estereotipos convencionales de género en una sociedad machista y dictatorial. Nos hace reflexionar sobre las construcciones sociales que aceptamos como naturales.

Manuel Puig


“-Mira, yo soy así, me hieren las cosas. Y te hice esa comida, con mis provisiones, y lo peor de todo: con lo que me gusta la palta te di la mitad, que podría haberme quedado la mitad para mañana. Y para qué... para que me eches en cara que te acostumbro mal.
-Pero no seas así, sos demasiado sensible...
-Qué le vas a hacer, soy así, muy sentimental.
-Demasiado. Eso es cosa...
-¿Por qué te callás?
-Nada.
-Decílo, yo sé lo que ibas a decir, Valentín.
-No seas sonso.
-Decílo, que soy como una mujer ibas a decir.”


El beso de la mujer araña es un libro que incomoda, que no nos deja indiferente. Especialmente, en un contexto en donde la homosexualidad era social y también penalmente condenada, esta obra desafió toda norma y convención social. He aquí el mérito de Manuel Puig, confeso homosexual de izquierda. Es que no podemos desligar la biografía/contexto de un autor con sus escritos: cada narración nos habla desde algún lugar de su ser. La literatura nos ofrece información de un tiempo y un espacio, y de su relación con su contexto social y cultural.


Con todo lo anterior, puedo decir que es un libro muy interesante para comprender el contexto sociocultural de la época y, especialmente, en lo referente a los patrones de género reproducidos en ella. Sin embargo, no es un libro que yo haya leído apasionadamente. Quizás sería bueno intentar con otro de este autor. ¿Boquitas pintadas?

Portada del libro
Editorial: Planeta
Pgs: 245