domingo, 4 de junio de 2017

Sumisión (2015), de Michel Houellebecq

Houellebecq es un reconocido poeta, novelista y ensayista francés, considerado uno de los máximos exponentes de la llamada “nueva narrativa francesa” (Nouveau Roman) de finales del siglo XX y comienzos del XXI, junto a otrxs escritorxs como Emmanuel Carrère, Patrick Modiano y Amélie Nothomb, por nombrar solo algunos. Las principales características de esta nueva narrativa son el lenguaje afilado y mordaz, el amor como constante interrogante, el reconocimiento del problema del otro como tema relevante y el contexto sociopolítico actual como escenario de representación. De todos modos, es importante señalar que escritores, como R.Bolaño indican que hablar de literatura de x país no es más que un prejuicio, pues, se cae en un reduccionismo aberrante, ya que “la literatura no tiene nacionalidad”. Podemos o no estar de acuerdo (yo difiero bastante), pero lo que sí se puede destacar en Houellebecq, es su sentir pesimista y contradictorio frente a esta postmodernidad tan vulgar y compleja.

Sumisión se enmarca en una futura Francia del 2022, año convulsionado por la elecciones presidenciales que, ante los débiles partidos tradicionales, dan el triunfo al Partido Fraternidad Musulmana, cuyo líder Mohamed Ben Abbes se convierte en el primer Presidente musulmán del país, personaje ficticio que derrota a Marine Le Pen (candidata real a la presidencia francesa, por el Frente Nacional -ultraderecha-). En este contexto, François es el protagonista narrador: un tranquilo profesor de la Universidad de la Soborna, soltero, alcohólico, además de enamoradizo, nostálgico y poco tradicional galán -nada atractivo- y con varios problemas a la salud.

En esta novela es imposible disociar el mundo de lo público con el de lo privado. Constantemente, François realiza diversos comentarios y acotaciones sobre el complejo escenario en donde la llegada al poder de la Fraternidad Musulmana remueve tanto lo político como las relaciones sociales y personales, convirtiendo a Francia en el primer país europeo-musulmán: se intenta privilegiar un proyecto educativo centrado en la religión como elemento unificador y formador de una nueva ciudadanía dominada por hombres, que relega a las mujeres a las labores domésticas y familiares. Asimismo, se instala la poligamia como forma de hacer familia y el Corán como regla moralizante ante una sociedad corrompida. Entre tanto, François nos cuenta sobre sus amoríos, su contrariado oficio de profesor y el competitivo mundo de la academia, dispuesto a callar por la obtención de beneficios personales.

La publicación de Sumisión provocó un profundo revuelo mediático en Europa, especialmente, debido a que el mismo día en París se perpetró un atentado a las oficinas del semanario satírico Charlie Hebdó, en cuya portada aparecía Houellebecq a modo de profeta, con su reciente libro publicado. Desde el primer día, Sumisión desató una polémica, deseada o no por su autor. Se le acusó de islamófobo, de querer desprestigiar la imagen de los musulmanes en Francia, país en donde la migración es cada vez en un tema más delicado, debido a las crecientes protestas antimigratorias, raciales y ultra-nacionalistas. Esta atmósfera no deja de ser relevante para comprender la discusión suscitada por Sumisión, al mismo tiempo que dejaba el camino listo para ser un éxito de ventas en todo el mundo.


En fin, a modo personal, varios puntos se observan como interesantes. En primer lugar, la literatura, o el amor-odio hacia ella que profesa el protagonista narrador. La literatura como forma de expresar quiénes y cómo somos; la libre expresión como única arma para salvarnos y la entrega total hacia la honestidad de las letras. La relación de  François con Huymans -escritor de cuya obra realiza su tesis doctoral- se torna real y, apasionante, pues, “Igualmente, un libro que nos gusta es ante todo un libro del que nos gusta el autor, al que deseamos conocer y con el que apetece pasar los días”. Por otro lado, aparece la personalidad del protagonista como la de un ser agobiante, oscuro y sin mayores ambiciones.  François, un cuarentón incapaz de expresar sus sentimientos de manera clara, aparece oculto tras la máscara -o realidad- de un hombre frío sin una vida propia, fuera de las salas de clases. Este protagonista narrador se mueve en órbitas parecidas a las que trata Houellebecq en otras obras: política y sexo.

En segundo lugar, otro punto relevante es la descripción que realiza sobre la política como aparato más bien pragmático, y no tanto ideológico: “La mayoría de la gente parecía haberse cansado de oír hablar del tema [las elecciones presidenciales] y, en el entorno que frecuentaba, el cansancio había aparecido antes que en otros sitios: ocurriría «lo que tenga que ocurrir», así podría resumirse el sentimiento general”. La sociedad francesa es descrita como una sociedad apolítica: sin definiciones claras sobre el futuro compartido-deseado, y que no apunta a grandes transformaciones sociales, sino más bien a la seguridad en temas valóricos y morales -en una especie de “vuelta al tradicionalismo”. En el libro, el partido musulmán capta ese malestar y logra liderar la «crisis de los valores».

Finalmente, un aspecto relevante, y muy relacionado a los anteriores- es el marcado nihilismo del protagonista y su recurrente nostalgia sobre el pasado. François observa en el futuro del país -liderado por el partido musulmán- una auténtica solución a sus problemas existenciales: cierta estabilidad económica, social y espiritual abre esperanzas para su inalterable y apacigua vida: “Que mi vida intelectual había acabado era una evidencia cada vez más obvia, aún participaría en vagos congresos, viviría de mis restos y de mis rentas; pero empezaba a adquirir consciencia -y eso era una verdadera novedad- de que, probablemente, habría otra cosa”.

Sumisión es un libro que me gustó, especialmente, porque se trata de una historia actual que representa de buena forma algunas cuestiones políticas fundamentales: la apolitización de las masas, el desencantamiento del mundo, la exageración y la vuelta al tradicionalismo en su faceta más temida por algunos franceses: el islamismo. Si bien, pienso que el libro trae algunos excesos, es sin dudas una buena lectura para reflexionar sobre la política y sus formas de penetrar en nuestras vidas privadas.



domingo, 14 de mayo de 2017

La analfabeta que era un genio de los números (2014), de Jonas Jonasson

Llegué a este libro en una visita a la Feria del Libro, andaba buscando algo nuevo y el librero me habló sobre este autor, especialmente, sobre su primera novela El abuelo que escapó por la ventana y se fugó, pero su precio era ridículo (20k, wtf). Así que me decidí por La analfabeta que era un genio de los números… y pienso que la historia de Nombeko Mayeki es fresca y entretenida: no contiene espacios melancólicos o reflexivos, y sí promete más de alguna risa.


El autor

Jonas Jonasson, el autor, es un periodista y escritor sueco. El 2009 publicó su primer libro El abuelo que saltó por la ventana..., el cual se convirtió prontamente en súperventas, vendiendo más de 15 millones de copias (¡La película está en Netflix!). Esto le valió el reconocimiento del mundo literario, con lo cual dejó su oficio anterior para dedicarse de lleno a la escritura. Lo que he leído sobre ese libro es que es muy divertido y que contiene la misma lógica que La analfabeta...: una historia mordaz con personajes ficticios y reales desplegados en un escenario globalizado.

En resumen, puedo decir que La analfabeta... es un libro ameno -jaja, odio esa palabra. Se lee de forma rápida porque está escrito en un lenguaje coloquial y muy sencillo. Trata la increíble historia de Nombeko Mayeki, una niña sudafricana que trabaja desde los cinco años limpiando baños en un barrio/gueto; esto, durante la época del Apartheid, lo cual enmarca la historia en un contexto de sufrimiento, discriminación y dominación social. Tal como señala el autor muy al comienzo del libro: “Si eras negro, sucio y medio desdentado, no tenías ninguna posibilidad de encajar en el mundo blanco de la Sudáfrica de los años sesenta, por más rico que fueses”.


Nombeko, sin embargo, sabe doblarle la mano a su destino, ya que posee una habilidad insólita con las matemáticas y, además, un intelecto muy superior que la hace acercarse a nuevos conocimientos. Un día su vida cambia para siempre, cuando es atropellada por un ingeniero ebrio, por lo que es condenada a servirle durante 7 años. Desde ese momento, se ve expuesta a una serie de acontecimientos fuera de toda lógica, llegando a participar en la fabricación de 7 bombas atómicas, terminando con una de ellas en Suecia, “Una bomba atómica extraviada en Suecia durante veinte años. Madre mía, ¡inadmisible e inconcebible!”. La historia es sobre cómo sobrevivir al cuidado de la bomba, mientras curiosos personajes entran y salen de la comedia.


Pero también está la historia paralela de Ingmar, el desquiciado padre fanático de la idea de revocar el régimen monárquico de Suecia, para lo cual con su mujer conciben dos hijos Holger 1 y Holger 2, quienes legalmente son una sola persona: solo inscribe a uno de ellos en el Registro Civil, mientras que el otro es ilegal desde su nacimiento.

Algo que me gustó mucho es que este libro mezcla de forma original la ironía /o idioteces/ con la agenda política del mundo real. Al comienzo, el autor pone como escenario la Sudáfrica del Apartheid, luego aparece la Guerra Fría y posteriormente la historia se traslada a la Suecia moderna, con sus pequeños pueblos esparcidos. De modo que nadie se salva en esta historia, todxs son retratados de forma sarcástica, sin guardar pudor o respeto a ciertas figuras, entre ellas, la monarquía sueca, el Primer Ministro de dicho país, el mítico Nelson Mandela y Jimmy Carter, entre otros. Pero lo hace de manera divertida, con frases cortas que sacan alguna risa.

Esta historia está construida en base al sinsentido, pues, ocurren situaciones que rayan en lo absurdo , pero que son relatadas como naturales. Asimismo, no es de extrañar que excéntricos personajes se tomen la obra: el chalado detractor de la monarquía, el borracho ingeniero Westhuizen, los antagónicos gemelos Holger y Holger, el trío de irresponsables hermanas chinas, la rebelde Celestine, y tantos otros que ya no recuerdo. Claramente, no es un libro inspirador o que dé para mucha reflexión, pero si tienes tiempo y ganas de leer algo para distraerte, ésta puede ser la opción. No es más que eso. Chao.


Portada del libro
Editorial: Salamandra
Pgs: 413

miércoles, 10 de mayo de 2017

La democratización parcial y frustrada de la sociedad chilena

La sociedad chilena sigue sosteniéndose sobre premisas no democráticas. Allí reside su no modernidad, y allí también se debe centrar el combate a la pobreza. Los procesos de destrucción de los valores de la cultura conservadora oligarquizante —el radicalismo, el freísmo y el populismo allendista— fueron todos frustrados. En cada caso se impusieron, por crisis internas o por rupturas violentas, movimientos de restauración. Se modernizaron las faenas de los fundos y haciendas, pero no cambiaron sus relaciones sociales fundantes. La servidumbre no fue abolida. Se exportó salitre al mundo, pero las condiciones de trabajo se mantuvieron inalteradas. Se modernizó en este siglo la infraestructura tecnológica industrial del país, pero no se "revolucionó" de la misma suerte el trato entre las personas, las relaciones culturales, las viejas normas clasistas predemocráticas que dominan esta sociedad. 

En algunos aspectos ligados a la economía, se podría decir que la elite se ha modernizado, por razones absolutamente naturales y propias de los tiempos; pero en sus relaciones sociales, en su visión del otro, del pobre, del trabajador, del medio pelo, del resto de la sociedad chilena, no ha cambiado un ápice. La clase dirigente reproduce las relaciones más tradicionales en el ámbito social, y la clase dirigente política reproduce, también de manera sostenida, el clientelismo que ha sido tradicional en nuestras actividades públicas. 

La modernización del Estado, tema central en el futuro próximo, no es sólo un asunto técnico o tecnológico. No se trata únicamente de computacionar las actividades administrativas, sino de establecer una relación diferente entre el Estado y la sociedad. La ausencia de relaciones ciudadanas plenamente desarrolladas es sustancial a la permanencia de bolsones de pobreza. La experiencia muestra que el clientelismo y caciquismo han conspirado contra los programas de desarrollo y los destinados a erradicar la pobreza y la miseria social. La relación vertical entre el Estado y las personas no permite el desarrollo sostenido de éstas o de sus grupos sociales, sino que refuerza las relaciones asistencialistas, de caridad, de carácter tradicional.

(Extracto)
LA COMUNIDAD PERDIDA: Ensayos sobre identidad y cultura:
José Bengoa
1996

Zamacueca, de Arturo Gordon (1883-1944)


lunes, 20 de marzo de 2017

Memorias de una superviviente (1987), de Doris Lessing

Llegué a este libro por casualidad. No lo estaba buscando, pero en cuanto lo vi pensé que sería bueno leer algo de esta autora, Premio Nobel de Literatura del año 2007. Doris es considerada una de las escritoras más inagotables de su generación: ha escrito novelas, cuentos, poemas y ensayos, moviéndose entre diversos géneros literarios. Doris Lessing se caracterizó por el marcado llamamiento al feminismo en sus escritos, pero además por el compromiso político y social inmersos en ellos, lo cual le valió diversas críticas; incluso de ella misma, pues, en sus últimos años manifestó no sentirse cómoda con ese “encasillamiento”. Destacan las obras El cuaderno dorado y El quinto hijo entre sus principales composiciones en donde lo femenino y la ruptura  posmoderna adquieren principal significación.


Desde el comienzo me costó mucho leer esta historia: no le seguía el hilo, no me llamaba mucho la atención, lo tomaba y lo dejaba intercaladamente, en fin, no me convencía. Pero, atenti, que es sólo un acepción muy personal. Memorias de una superviviente es una novela muy particular que retrata la historia, en primera persona, de una mujer madura y Emily, la desconocida niña que irrumpe en su vida de la manera más extraña posible. La narradora parece llevar una vida tranquila, a pesar de los hechos que ocurren alrededor, pero la llegada sorpresiva de Emily sacude su cotidianeidad, puesto que debe hacerse cargo de la menor sin siquiera conocerla.

La historia se divide en dos planos aparentemente disímiles. Por un lado, aparece la historia “real”, la historia de los hechos concretos; y, por otro lado, aparece la historia “ficticia” o surreal, entendida así debido al traspaso que realizan las protagonistas en el tiempo y el espacio, con el sólo hecho de atravesar las paredes del departamento, entrando a un mundo paralelo, difícilmente situable.

En el mundo de lo “real”, en medio de un escenario marcado por una crisis desconocida, la mujer narradora, solitaria y apacible, debe hacerse cargo de Emily, quien es abandonada por un hombre en su departamento. La narradora nos cuenta que hay una especie de tragedia político-social en el país donde vive: casas deshabitadas, personas errantes deambulando por las calles, desabastecimiento de los locales comerciales, crisis y corrupción del gobierno de turno, entre otros aspectos, los cuales nos señalan cas ambios en las relaciones sociales y políticas de los individuos, especialmente, en aquellos provenientes de lclases bajas y medias del desconocido país en cuestión. Sin embargo, no quedan claras las razones de estos acontecimientos, en ningún momento se menciona aspectos que nos puedan dar alguna pista.

Por otro lado, en el mundo de lo “fictioso” ocurren cosas intensas, muy relacionadas al pasado y presente paralelo de Emily. Las situaciones que logra observar la narradora son a veces dulces, a veces violentas, pero que, en parte, contribuyen a moldear y adentrarse en la psicología de la niña. En todo caso, este traspaso del mundo real al ficticio, y viceversa, es expuesta con total naturalidad, lo cual en un comienzo puede distraer al lector/a.

La curiosa historia de Emily nos es contada a través de la voz narradora, quien relata los hechos de manera prudente y pasiva, sin emitir juicios de valor al respecto; aspecto que llama mucho la atención, pues, todo o casi todo lo que sucede pareciera salir de la norma. La narradora -de quien no sabemos su nombre- y Emily permanecen mucho tiempo encerradas en casa, mirándose mutuamente, compartiendo la comida y las tardes de ocio entregadas a la lectura y la cocina. A medida que avanza la historia, Emily comienza a crecer, adquiriendo un carácter más decidido y veraz; asimismo, va trabando nuevas amistades, como con la pequeña June, Gerald  y el resto de los niños y niñas a quienes deben cuidar posteriormente. Se torna atractiva la trama en cuanto Emily crece y va tomando conciencia de su entorno y de las injusticias sociales acaecidas en su sociedad dañada y desesperanzada. Frente a la descomposición de los lazos sociales se desarrollan nuevas formas de autogestión lideradas por Emily, quien aparece como la figura central de la historia.

Entre los principales puntos de interés destaca cómo la autora combina lo social, lo humano y lo político en una misma narración. Doris llama a reflexionar sobre si es realmente posible que crisis así pudiesen darse en sociedades occidentales; además, nos llama la atención sobre las injusticias sociales y las formas colectivas de hacerles frente, pero también sobre las dificultades que guarda la juventud, fuera de los juicios morales y existenciales.

Otro punto interesante es que Doris hace de las mujeres las verdaderas protagonistas de sus historias, aspecto no menor en un mundo repleto de literatura representada por lo masculino como lo universal. Los escritos de Doris Lessing son considerados como feministas, en especial esta obra, en cuanto resaltan especialmente las características de sus mujeres protagonistas, fuera de todo romance, y capaces de hacerse cargo de situaciones adversas, tanto en el plano de lo público (Emily liderando agrupaciones autogestionadas)  como en el de lo privado (la mujer narradora cuidando de Emily, haciéndose cargo de esta “otra”). Sin embargo, es importante destacar que esta denominación no gustaba a la autora, quien en variadas entrevistas criticó al movimiento feminista por su afán de querer “destruir a los hombres”. Y, paaaaaff, claramente, Doris no entendió nada.

Como no hay muchas cosas claras en el libro, se permite al lector/a hacer diversas inferencias sobre el pasado, presente y futuro de las protagonistas y la sociedad a la que pertenecen. Sin embargo, en lo personal, mi experiencia con esta lectura fue extraña. Como comenté, la comencé hace un buen tiempo, pero no enganchaba con la historia, se me hacía aburrida o demasiado extraña, o no lograba cuajar los diferentes niveles y escenarios. Pero quise darme otra oportunidad y la leía camino al trabajo. Después la dejé nuevamente, pero porque había perdido el libro. Luego, lo encontré (detrás de un mueble en mi pieza, jajaja) y me propuse terminarlo sí o sí. Así que, mi experiencia, en realidad, no fue tan buena como me hubiese gustado. La novela posee un elevado nivel de abstracción: variados personajes sin rasgos específicos, escenarios inciertos, mezcla de realidad y compleja fantasía entrecruzadas. En fin, ¡léala si todo lo anterior se le hace interesante!

Portada del libro
Editorial: DeBolsillo
Pgs: 223

sábado, 18 de febrero de 2017

El beso de la mujer araña (1976), Manuel Puig

El beso de la mujer araña narra la historia de la intensa amistad entre Valentín Paz y Luis Molina, en el contexto de una dictadura militar del Cono Sur, por los años setenta. La historia, a simple lectura, es sencilla y transcurre en la celda que ambos comparten en prisión. Molinita, como amistosamente le llama Valentín, se constituye como un persona adorable, muy sentimental, la figura clásica del homosexual afeminado, fanático de las películas y muy preocupado por su familia, especialmente, su madre. Molinita cae preso por una supuesta corrupción de menores, sin embargo, él señala que “todo fue por amor”, que se enamoró perdidamente de un joven muchos años menor que él. Por su parte, Valentín es un revolucionario de izquierda que desafía la dictadura argentina de Videla. Muy contrario a la figura de Molinita, Valentín se muestra como un tipo duro, racional, muy disciplinado con la lectura de literatura marxista y decidido a luchar por una sociedad más justa. Valentín cae preso por las razones obvias. Tal como se aprecia, se trata de dos historias diferentes, de dos personalidades casi opuestas, pero que tienen en común la lucha por sus ideales.


Ambos comparten el día a día en la cárcel, pasa el tiempo y van construyendo una intensa amistad, compartiendo noches de boleros, relatos de películas y conversaciones sobre sueños y anhelos, en las cuales Molina siempre se muestra más ingenuo y romántico, en el amplio sentido de la palabra. En cierto sentido, este libro me recordó mucho a Tengo miedo torero del gran Pedro Lemebel, ya que también trata sobre la potente amistad entre un homosexual, travestido, y un joven revolucionario del FPMR, durante la época de la dictadura en Chile. Este parecido se debe, además, a que en ambas novelas se posiciona a la figura del homosexual de manera afeminada y desde la marginalidad social.


El beso de la mujer araña fue publicada en 1976 en México, país donde Puig huyó tras ser amenazado por grupos paramilitares argentinos. Sin embargo, la obra fue prohibida en Argentina, su país natal, principalmente debido a cuestiones ideológicas: diversas fuentes señalan que la imagen del revolucionario seducido por un homosexual va contra la imagen de revolucionario hombre de izquierda. En este sentido, El beso de la mujer araña, a través de su relato, supone un importante cuestionamiento al orden establecido, tanto político como moral. Las dictaduras del Cono Sur aparecen recurrentemente como escenografía de la novela latinoamericana. Bajo este contexto, y posteriormente, han surgido diversas obras que detallan diversos modos de ser y hacer en dictadura. En este caso, la dictadura no es el tema predominante de la novela, sino más bien el telón de fondo sobre el cual se desarrolla la trama.


De todos modos, pese a lo escandaloso que resultó ser su publicación, se han realizado diversas adaptaciones de la obra desde distintas géneros: comedias musicales, películas y obras de teatro. Estas adaptaciones reflejaron el éxito que Puig logró obtener contrariamente a las críticas y censuras a su obra. La literatura de Puig no dejó indiferente a la crítica y el público: desde la admiración de algunxs hasta el repudio de otrxs.


Lo interesante es que durante el desarrollo de la historia no ocurren situaciones excepcionales, sino más bien se trata de un relato tranquilo, en cámara lenta, pero que nos introduce por completo en él; muy especialmente, a mi modo de ver, por la ausencia de un narrador. Lo que hace Puig es contar la historia a través de diálogos entre los dos protagonistas, de manera tal que el lector/a va construyendo la conversación según asuma la palabra para tal o cual personaje. Esto me generó cierta confusión, ya que a ratos las voces de los personajes se fundían y ya no sabías quién estaba hablando.


A lo largo de la historia, uno de los elementos que más llama mi atención es la construcción lo femenino y lo masculino como dos polos opuestos –y muy acordes a cómo se entienden de la manera tradicional. Molina se define y se nombra a sí mismx como una mujer, y actúa de acuerdo a lo que tradicionalmente se entiende como una: muy dócil, muy servicial, muy sentimental, etc. Valentín, en cambio, se construye a sí mismo como lo antagónico –o al menos en un comienzo: el tipo racional, frío, valiente y varonil. De este modo, el autor traza un discurso que va reproduciendo, y desafiando al mismo tiempo, los estereotipos convencionales de género en una sociedad machista y dictatorial. Nos hace reflexionar sobre las construcciones sociales que aceptamos como naturales.

Manuel Puig


“-Mira, yo soy así, me hieren las cosas. Y te hice esa comida, con mis provisiones, y lo peor de todo: con lo que me gusta la palta te di la mitad, que podría haberme quedado la mitad para mañana. Y para qué... para que me eches en cara que te acostumbro mal.
-Pero no seas así, sos demasiado sensible...
-Qué le vas a hacer, soy así, muy sentimental.
-Demasiado. Eso es cosa...
-¿Por qué te callás?
-Nada.
-Decílo, yo sé lo que ibas a decir, Valentín.
-No seas sonso.
-Decílo, que soy como una mujer ibas a decir.”


El beso de la mujer araña es un libro que incomoda, que no nos deja indiferente. Especialmente, en un contexto en donde la homosexualidad era social y también penalmente condenada, esta obra desafió toda norma y convención social. He aquí el mérito de Manuel Puig, confeso homosexual de izquierda. Es que no podemos desligar la biografía/contexto de un autor con sus escritos: cada narración nos habla desde algún lugar de su ser. La literatura nos ofrece información de un tiempo y un espacio, y de su relación con su contexto social y cultural.


Con todo lo anterior, puedo decir que es un libro muy interesante para comprender el contexto sociocultural de la época y, especialmente, en lo referente a los patrones de género reproducidos en ella. Sin embargo, no es un libro que yo haya leído apasionadamente. Quizás sería bueno intentar con otro de este autor. ¿Boquitas pintadas?

Portada del libro
Editorial: Planeta
Pgs: 245

domingo, 11 de diciembre de 2016

La Hondonada, Jhumpa Lahiri (2013)

La Hondonada es el relato de una tradicional familia india, a lo largo de casi setenta años. Los hermanos Subhash y Udayan viven con su ma y baba en Tollygunge, un barrio pobre y marginal en Calcuta. Subhash es el mayor, un chico inteligente, responsable, tranquilo y muy apegado a los consejos de sus padres. En cambio, Udayan desde pequeño se mostró inquieto y curioso, cuestionando las normas impuestas en casa y en la desigual sociedad india.

Ambos hermanos pasan su infancia entre la hondonada, inventando historias y juegos para distraer las tibias tardes. Sin embargo, a medida que van creciendo y estudiando, sus caminos comienzan a separarse. Los ideales socio-políticos de Udayan, muy ligado al pensamiento leninista que marcó fuertemente a ciertos sectores en la India durante los sesenta, fueron sentando el precedente que los alejaría inexorablemente. La lucha armada, la protesta y la resistencia se convirtieron en la prioridad del joven, distanciándolo de su familia y acercándolo a sus sueños de una sociedad más justa y mejor. Por otro lado, el obediente Subhash decide continuar sus estudios de postgrado en Rhode Island, Estados Unidos, en donde vive durante años, manteniendo escaso contacto con su familia. Es la historia de dos hijos que optan por nuevos caminos, muy diferentes a los propuestos por sus padres; ambos, de manera muy distinta, desafían la conservadora cultura india donde se criaron.

El anterior es un punto muy interesante, ya que la autora consigue conjugar dos escenarios muy disímiles: la moderna ciudad occidental, Rhode Island, con el humilde barrio de Calcuta, Tollygunge. La modernidad versus la tradición, entendidas como dos mundos tan disímiles, en un mismo hilo conductor. Lahiri avanza y recorre distintas épocas y escenarios, detallando la vida cotidiana –costumbres, usos y maneras– de manera tan rica y sencilla que nos atrapa en las más de cuatrocientas páginas de historia. La autora tiene una capacidad increíble de crear imágenes, de elaborar ambientes complejos que nos permiten pasear entre ellos, imaginando nuestros pasos en aquellos lugares tan lejanos entre sí.

Jhumpa Lahiri


Por otro lado, pese a las diferentes figuras que se toman la historia, y con marcado protagonismo de Subhash, La Hondonada es, definitivamente, una historia familiar: se trata de aceptar la familia tal cual es. Lo que intenta remarcar Lahiri, a mi modo de ver, es que a pesar de las diferencias de ideales o sueños se acepta la familia como lo más importante. Asimismo, contrariamente a la distancia física, los años y las diversas situaciones que se suceden, la familia, el cariño, el perdón y el respeto mutuo es lo que queda como piedra angular. La Hondonada, sin embargo, nos narra la historia de una familia rota: “Pero ahora la distancia entre ambos no era puramente física, ni siquiera emocional. Era insalvable. Eso le provocó un arrebato tardío de responsabilidad. Un intento, cuando ya no tenía importancia, de estar presente”.

Lahiri elabora unos personajes muy ricos, muy complejos, especialmente los personajes principales. A lo largo del libro vamos descubriendo las vidas de Subhash, de Gauri, de Udayan, y cómo van experimentando el sufrimiento y la ausencia, luchando por revertir sus destinos -todos ellxs de formas muy diferentes. En este sentido, destaco la elaboración de los personajes, el alto detallismo en la caracterización de cada uno de ellxs. La autora nos hace (re)-conocerlos, y así poder sumergirnos de lleno en la historia; nos permite imaginarnos sus poses, sus ideas y sus sentimientos: nos provocan cierta empatía, podemos llegar a comprender su dolor.

Siempre acostumbro a subrayar mis lecturas, siento que así les tomo el peso –o lo que sea. Sin embargo, en este libro casi no tuve oportunidad de hacerlo, y no fue por la poca densidad de la trama, sino al contrario, porque cada párrafo o frase debía ser leída en contexto, pues, ahí adquiría relevancia y forma.

Este libro lo encontré en la casa de mis papás y me llamó mucho la atención porque, además, ya había escuchado sobre Jhumpa Lahiri. Me iba de viaje y necesitaba llevar un libro conmigo. Fue una buena decisión: los largos viajes y la ruta por Perú y Ecuador me hacían devorar cada página. En definitiva, este libro me gustó mucho, es una historia lindísima, no dejé de leerla hasta terminarla porque es una historia emocionante en donde la autora nos presenta una rica capacidad para dibujar sentimientos. Además, Lahiri toca diversas temáticas siempre contingentes: la emigración, la interculturalidad, las nuevas formas de hacer familia, la posición de las mujeres en contextos contemporáneos, la lucha por una mejor sociedad, entre otros.

Jhumpa Lahiri es una escritora de origen indio nacida en Inglaterra. Vivió su infancia y juventud en Estados Unidos; sin embargo, en la actualidad vive en Roma. Es este constante movimiento migrante uno de los principales ejes motores de sus historias. Como vemos, un escritor/a absolutamente nunca puede desligarse de su contexto de producción, el cual va moldeando distintos acontecimientos políticos, económicos y culturales en los cuales se ve inmerso/a. Se trata de leer los textos en contextos. Me gustó mucho esta historia. ¡Perfecto regalo para navidad!

Portada del libro
Editorial: Salamandra
Pgs: 416

lunes, 21 de noviembre de 2016

El Adversario, Emmanuel Carrère (2000)

El Adversario es una crónica, un relato basado en hechos reales ocurridos en 1993, en Francia. Se trata de un trabajo de investigación y diario personal de su autor, quien nos detalla los diversos momentos por los que atravesó mientas armaba la historia. Carrère, afamado escritor contemporáneo, nos cuenta la historia de Jean Claude Romand, el falso médico que asesina a toda su familia durante un frío día de invierno. El libro comienza así: “La mañana del sábado 9 de enero de 1993, mientras Jean-Claude Romand mataba a su mujer y a sus hijos, yo asistía con los míos a una reunión pedagógica en la escuela de Gabriel”. De esta manera, el autor nos descifra de inmediato el núcleo de la historia enferma, real y extraña que pasa a delinear. No hay un final que esperamos desentrañar, Carrère, simplemente, nos sumerge en una red de explicaciones que intentan dar sentido a los desquiciados actos del protagonista.

Emmanuel Carrère, escritor francés.
Jean Claude Romand asesina a su esposa, dos hijxs y también a sus padres. Posteriormente, intenta suicidarse incendiando su casa. Por supuesto, sale casi ileso de la situación. Desde allí comienza a revelarse una serie de mentiras y hechos –a la postre– considerados extraños por amigxs y personas cercanas al matrimonio. Las sucesivas e incesantes mentiras emitidas por Romand durante casi veinte años engañaron a todo su entorno, sin levantar jamás ni la más mínima sospecha (no adelantaré más). Romand juega a la doble vida de modo sobrio e inteligente, ganándose la confianza de todxs. Sin embargo, de un momento a otro se ve acorralado por su propia ficción, comienza a ahogarse hasta no poder soportarlo más. De manera lúcida, Carrère nos hace entrar en la mente de un loco, de un incomprendido.

La mentira y la verdad aparecen como dos caras de la misma moneda que Romand lanzaba al aire, día tras día. ¿Quién es capaz de vivir mintiendo durante tantos años? Mientras avanzamos en las páginas, nos podemos dar cuenta de la insólita personalidad del protagonista, de sus años de infancia y juventud hasta transformarse en el impostor que estremeció a todo un país. La locura, el narcisismo, una personalidad sin rumbo, un ser errante… “Una mentira, normalmente, sirve para encubrir un verdad, algo vergonzoso, quizá, pero real. La suya no encubría nada. Bajo el falso doctor Romand no había un auténtico Jean-Claude Romand”.

¿Cómo es posible construir una vida en base a la mentira? La creación de un propio personaje aparece como el trabajo más vanidoso de Romand: la construcción de una vida modelo. A mi juicio, lo que hace Carrère, muy principalmente, es abrir la pregunta sobre la autenticidad: ¿qué tan auténticos somos en nuestras vidas? ¿Qué es la propia verdad? Se trata, en definitiva, de la constante búsqueda del yo, hasta el fin, pese a todo y a todxs. De este modo, el constante temor a ser descubierto, a perder todo lo construido durante veinte años, tiene una única solución posible a ojos del protagonista; se trata de matar a la familia como única salida a la libertad: «No he sido nunca tan libre, la vida nunca ha sido tan hermosa»”, expresaría Romand posteriormente.

A lo largo de la historia, y en un intento por demostrar su exhaustivo trabajo investigativo, Carrère nos habla desde distintas voces: como Luc –mejor amigo de Romand–, como autor neutro y, también, como él mismo: como un escritor buscando su lugar en la trama. Esto último es uno de los aspectos que más llamó mi atención, pues, no es algo que se revise muy a menudo: cómo es que un autor intenta posicionarse en una historia que no es la suya, una historia que no le pertenece. Carrère expone, asimismo, sus dificultades al momento de embarcarse en esta empresa literaria, sus sentimientos, inquietudes y temores. Para ello, nos revela algunos pasajes de la correspondencia que mantenía con Romand, mientras éste estaba en la cárcel, evidenciando la complejidad que resultó ser este proyecto para él como escritor y, al mismo tiempo, como ser moral. “«Querido Jean Claude Romand –escribía Carrère–: Hace ya tres meses que empecé a escribir. Mi problema no es la información, como pensé al principio. Es encontrar mi lugar ante su historia»”.

El Adversario es un libro breve, se lee de manera rápida; de hecho, sólo lo leía en los ratos muertos de viajes en metro al trabajo (de manera que éstos se hacían muy cortos).  Es un libro que realmente me gustó, y lo recomendaría. Mientras leía, sentía mucha curiosidad: quería saber qué pasaría con la historia de Romand, cómo iría tejiendo su mentira, aceptando su sentencia, y celebrando su victoria. Llegué a este libro por casualidad, de tanto verlo en librerías. Emmanuel Carrére es un autor muy célebre y conocido, y éste, El Adversario, es uno de sus clásicos. Espero animarme pronto a De vidas ajenas.

Portada del libro
Editorial: Anagrama
Pgs: 176