domingo, 11 de febrero de 2018

"Qué vergüenza" (2015), de Paulina Flores


Desde su lanzamiento, “Qué vergüenza” ha sido unánimemente aclamado por la crítica nacional, siendo su autora, Paulina Flores, catalogada como una de las jóvenes promesas de la literatura latinoamericana contemporánea. Distinción que hizo que la editorial barcelonesa Seix Barral pusiera sus ojos en ella y así publicar esta obra en España y otros países como México, Colombia y Argentina. Paulina Flores estudió Literatura en la Universidad de Chile, pero en varias entrevistas señala que su decisión de entrar a estudiar esta carrera fue más bien al azar, pues, nunca fue una asidua lectora, ni tampoco su familia. Más mérito, entonces. Paulina es una escritora que observa, que anota, que trabaja y que construye historias increíbles como los cuentos “Qué vergüenza”, “Espíritu americano”, “Tía Nana” y “Últimas vacaciones”, al menos mis favoritos de este libro.

El relato de Paulina me gustó mucho. En general, no me gustan mucho los cuentos. Tengo varios libros de cuentos en casa sin leer, porque prefiero enganchar con historias más largas. Pero esta vez me pasó algo diferente: desde el primer cuento, que da nombre al libro, “Qué vergüenza”, quedé entusiasmada con la forma de escribir la historia: personajes entretenidos, un rollo contundente, un final inesperado. Estos elementos me animaron a seguir, y así, hasta que pude leer los nueve relatos, de los cuales me gustó la mayoría. Llegué a este libro por la página BuscaLibre, apareció en oferta y hace rato lo venía escuchando, así que lo compré.

La talentosa Paulina

Respecto a la narración, en el libro hay varios cuentos que son narrados en primera persona, y cada una de esas voces logra destacar como una distinta, es decir, en cada una de ellas se nota la unicidad del/de la protagonista: completamente identificable, ya sea en su tono, sus acciones o pensamientos. Por otro lado, los cuentos narrados en tercera persona se centran en un solo personaje principal, que es como si éste lo fuese relatando. Eso sí: todxs son personajes corrientes, habitantes y vecinxs de Independencia, Talcahuano y Quilicura –un “Chile real”, podrían decir algunxs. Son personajes que nos muestran hechos cotidianos, pero relevantes: un padre sin trabajo que ve cómo su masculinidad es cuestionada por su familia, niñxs que crecen y comienzan a comprender las “cosas de grandes”, una joven trabajadora explotada en un local de comida rápida, una veinteañera que regresa al hogar materno luego de una ruptura amorosa, o adolescentes de provincia que sueñan con ser estrellas de rock... En todxs ellxs aparece la soledad, pero también la familia: una madre, una tía, una prima, un padre, un hijx… Son historias en donde las generaciones se entrecruzan constantemente para recordarnos que al final, al parecer, eso es lo único que tenemos, o nos queda...

En el libro hay encuentros y desencuentros, desilusiones y momentos de inflexión entre la inocencia y la vida adulta. ¿Cómo nos hacemos cargo de nuestras emociones, de nuestras responsabilidades y vivencias? Paulina remata sus finales siempre con una pregunta disimulada. Son finales inesperados, o que nos dejan pensando, ¿cómo actuaríamos nosotrxs?, ¿qué tan honestxs somos hacia nosotros mismxs? Los secretos que cada persona puede guardar son ilimitados, insospechados, siempre moviéndose entre la humillación y la sorpresa, tal como señala la protagonista en “Espíritu americano”: “Me sorprendí, me dio rabia y me entristeció, pero dejé que me tomara la mano. Y lo hice por la propina, porque era gringo y los gringos siempre dejaban buenas propinas y porque supuse, en ese breve instante, que si me mostraba molesta no sería así. Así que dejé que un anciano me tomara la mano, por dinero. Puede parecer ridículo, pero nunca se lo he contado a nadie [...] Lo que haces es engañarte. Engañarte muy bien, tan bien que terminas por olvidarlo”.

Algo que me gustó mucho –y aquí viene mi lado sociológico- es que Paulina no intenta embellecer la realidad que narra. Más bien al contrario. Nos habla de derrotas y desilusiones, pero también de orgullo y fortaleza. Nos habla de familias chilenas de clases medias, aquel segmento heterogéneo en donde todxs tienen cabida, en donde la meritocracia, el arribismo, el esfuerzo y la frustración se llevan en la cultura. Paulina refleja todo lo anterior de manera pulcra y sincera, sin caer en estereotipos o personajes estándar, en donde podemos reconocer-nos: “Vivíamos en una de las poblaciones más pobres de una de las ciudades más feas del país: la Santa Julia, en Talcahuano [...] Pero a nosotros no nos molestaba vivir en un lugar que la gente consideraba feo, todo lo contrario, al menos yo me sentía extrañamente orgulloso”. Las variadas clases medias –nunca una sola– narradas por la escritora son aquellas que se tambalean, aquellas que nunca pueden descansar; de madres y padres cansadxs, que viven en blocks o viviendas sociales o que no tienen trabajo, y con ello tampoco un destino claro. Se trata también de un segmento en donde a veces incluso los hijxs se avergüenzan de sus padres y sus orígenes; es la identidad continuamente construyéndose/decostruyéndose: “Quise mirarla también, pero la única imagen que se me vino a la cabeza fue la de mi mamá. La de mi verdadera mamá, mi mamá fea”.

Sin embargo, en el relato de la autora no hay resentimientos ni crítica social; sus personajes son seres reales que habitan y deambulan por las poblaciones y villas. Son sujetos contemporáneos, frecuentes y habituales que sienten miedo, amor, y que añoran una vida mejor, en donde cada pequeño detalle puede ser muy importante/determinante. Los relatos son muy íntimos, a veces alegres, a veces triste, y esa nostalgia es precisamente lo que más me conmovió, como la amargura resignada que señala un joven al mirar su pasado familiar: “Mi madre se había ido, me había dejado solo en la casa, echado a mi suerte junto a un hombre moribundo. Todos lo sabían menos yo. Hasta mi hermana chica lo sabía, y había intentado advertirme, pero yo no la escuché”. En "Qué vergüenza" al parecer no hay finales felices. Un poco, para algunxs, la vida misma, ¿no?


Portada del libro
224 páginas
Editorial: Hueders


domingo, 21 de enero de 2018

La flor púrpura (2004), de Chimamanda Adichie

Una historia familiar llena de desafíos, crecimiento y anhelos. Una historia familiar que te atrapa y conmueve. La flor púrpura es el primer libro de la escritora nigeriana Chimamanda Adichie, reconocida por su célebre charla TED “We should all be feminist”. Este libro fue un regalo navideño de mi hermana, quien sin querer supo que quería comenzar a leerla. Me llegó de sorpresa y fue el mejor regalo de la Navidad.

La flor púrpura es un relato bien armado, con exquisitos detalles y personajes con marcadas personalidades, muy cercanos y comprensibles. Son seres que sufren, que aprenden, que gozan. Nunca había leído a algún autor africanx, por tanto, este libro me permitió conocer un poco más sobre Nigeria, su cultura y sus costumbres. Me gusta la forma en que Kambili -narradora protagonista- cuenta la historia, y su evolución en su narración: como una niña embobada por la poderosa figura de su padre hasta ser una joven con ideas más o menos propias, todo ello en una constante búsqueda interior, cuestionando los moldes y esquemas familiares, ya impregnados en su ser.  El libro se estructura en cuatro capítulos: “Domingo de Ramos”, “Antes del domingo de Ramos”, “Después del domingo de Ramos” y “El presente”, siendo el segundo ampliamente más largo que el resto, pues, allí la autora nos introduce de lleno en las vidas y aventuras de los personajes principales. .

Kambili es la narradora en primera persona singular. Ella nos conduce por la historia familiar a través de un relato dulce e ingenuo: nos cuenta sobre su temerosa madre, su valiente hermano, Jaja -también adolescente-, y su estricto padre, Eugene; nos cuenta sobre sus vidas llenas de lujos y comodidades, pero también sobre las estrictas reglas que les impone su padre. La historia de Kambili es la historia de una familia que  lentamente se rompe por dentro.


Chimamanda <3


A través del relato, Kambili va desarrollando la compleja personalidad de su padre, a quien teme profundamente, pero ama de manera incondicional: Eugene es hombre autoritario, fervoroso seguidor de las reglas, importante miembro de la iglesia católica, quien, además de ser un poderoso empresario, comparte su fortuna con quienes más lo necesitan. Eugene, castigador y violento con su propia familia, de quienes espera la implacabilidad, es capaz de todo para mantenerlos bajo control, siempre aduciendo a la religiosidad y a Dios: “Esto es lo que a uno le ocurre cuando camina hacia el pecado. Se quema los pies”... Ya en las primeras páginas se nos muestra a este padre agresivo, quien violenta fuertemente a su hijo por no comulgar en la misa “Todo empezó a desmoronarse en casa cuando mi hermano Jaja, no fue a comulgar y padre lanzó su pesado misal al aire y rompió las figuritas de la estantería. Acabábamos de regresar de la iglesia”. Ese día, el domingo de Ramos, el día en que la familia se desmorona, comienza la narración de Kambili, sin embargo, sus recuerdos comienzan en Nsukka, antes del domingo de Ramos, en casa de su tía Ifeoma.

Así es como pronto irrumpe en la escena el personaje más colorido y llamativo de la trama: Ifeoma, hermana de Eugene, viuda y madre de tres hijxs: Amaka, Obiora y Chima. Ifeoma una mujer alegre, independiente, profesora universitaria, muy segura de sí misma, y feminista, aun sin nombrarse como tal. Estas características llamaban profundamente la atención de Jaja y Kambili, quienes observaban cómo Ifeoma bromeaba a Eugene, de tú a tú, sin miedos, tratándolo como  a alguien común y corriente, y no como a alguien de respeto, lo que en un principio causó profunda incomodidad y disgusto en Kambili, quien no puede desprenderse aún de su estricta formación. En casa de Ifeoma suceden diversas situaciones nunca antes vividas por los hermanos: por primera vez escuchan música africana como la de Fela Kuti, conversan en la mesa mientras cenan, cantan en igbo -lengua nativa- durante las misas, se hacen amigxs de un joven y progresista sacerdote y, por sobre todo, aprenden a reír a carcajadas: “Me eché a reír. Mi propia risa me resultaba extraña, como si estuviera escuchando una grabación en la que se reía un extraño. No estaba segura de haber oído alguna vez mi propia risa” señala Kambili.

Los pocos días en casa de Ifeoma son suficientes para comprender la distancia abismal entre las familias, en las formas de entregar amor y servir al catolicismo: “Entonces me di cuenta de que eso era precisamente lo que tía Ifeoma hacía con mis primos: les levantaba el listón cada vez un poco más al hablarles de la forma en que lo hacía, al aumentar sus expectativas en lo que esperaba de ellos, siempre con la convicción de que lograrían sobrepasarlo; y ellos lo hacían. Para Jaja y para mí las cosas eran diferentes: saltábamos el listón, pero no porque creyéramos que éramos capaces de lograrlo, sino porque nos aterrorizaba el no serlo”. El relato de la joven permite comprender su crecimiento y autodescubrimiento. En este viaje, en donde conocen de manera íntima a sus primxs y tía, los hermanos comienzan a entender que existe todo un mundo fuera de su protegido hogar, lejos de la figura de su padre. Nuevas costumbres, ideas, modales y comidas son experimentadas y, al mismo tiempo, lentamente las  estructuras autoritarias que sustentan a la familia comienzan a fragmentarse. De este modo, después de una días en Nsukka, ya nada puede ser lo mismo al regresar a casa.

Es súper interesante el relato que plantea la autora. Nos habla un poco sobre África, aquel lejano continente que se nos pinta como la otredad, tan disímil a lo nuestro. La autora, a través de Kambili, nos cuenta sobre Nigeria y el colonialismo aún imperante en aquella sociedad. ¡Me encantó este libro! Está hermosamente escrito, cada detalle cuidadosamente narrado, en donde la lectura fluye sin cesar. Kambili es la protagonista del relato, pero me parece que todos los personajes son igualmente importantes: Eugene, quien marca la pauta del orden, el padre Amadi, quien les enseña sobre un catolicismo abierto al pueblo nigeriano,  la tía Ifeoma y sus hijxs, quienes enseñan a sus primxs la existencia de otras formas de hacer las cosas. Cada uno de ellxs aparece de manera contundente, cada uno con su cuento aparte. El relato de Kambili, ciertamente, es sobrecogedor. A lo largo de la historia hay ingenuidad y alegrías que denotan, al mismo tiempo, sufrimiento: “en el rostro de Jaja se dibujó una sonrisa tan amplia que me permitió descubrir unos hoyuelos en sus mejillas que nunca antes había visto”.

Chimamanda Adichie, mujer negra, africana, contadora de historias, activista feminista, fanática de la moda, los colores  y el arte, amiga de Beyonce.. me declaro su fan.

Recomendadísimo, por mí.


 
Portada del libro
301 páginas
Editorial: Random House

viernes, 15 de diciembre de 2017

De vidas ajenas (2009), de Emmanuel Carrère

Las primeras obras de Carrère fueron novelas. Sí, Carrère era un novelista de cierto prestigio y reconocimiento. No obstante, luego de haber escrito El Adversario, en el 2000, (reseña que ya subí) su obra literaria dio un sorprendente giro: se alejó de la ficción literaria para abrirse paso a las historias que oscilan entre la investigación y la memoria personal. Este giro le valió el elogio de la crítica y gran popularidad, lo que, a su vez, le acercaba a los pasos del gran Truman Capote, gran referente de la novela de no-ficción. Es así como publica el 2008 Una novela rusa (ya quiero leerla!!), un libro que habla del pasado de su familia materna, hasta continuar con De vidas ajenas, el 2009, el hermoso libro que habla sobre el duelo, la enfermedad y el amor; siempre el amor.

De vidas ajenas como no-novela -o mémoires, como le llaman algunxs- es un precioso mosaico perfectamente armado por el autor, quien se esmera en ordenar los fragmentos de historias, personajes, fechas y sentimientos que habitan en su memoria. Entonces, Carrère no sólo cuenta una historia, sino que, también, comparte la reflexión del proceso de contarla. De vidas ajenas es un relato sobre la vida de otras personas, lo que convierte a Carrère en un testigo, una voz narradora de los hechos. En diversas páginas nos cuenta cómo es que comienza la idea de escribir sobre las vidas ajenas, explicando que, antes de llevar la obra a su editor, muestra el borrador a los verdaderos protagonistas de la historia, con el propósito de ser franco y honesto con ellos: “Me sentía como un retratista que, al mostrarle el lienzo, confía en que el modelo estará contento, y los dos lo estuvieron”. El libro es finalmente el lienzo de Juliette, de Étienne y de Patrice, marido de Juliette; retrato que ésto dos últimos pintaron con palabras a Emmanuel Carrère.

Son dos principales historias las que nos cuenta el escritor. Por un lado está el tsunami que lo pilló a él y su familia de vacaciones en Sri Lanka el año 2004, y la posterior enfermedad de su cuñada Juliette, hermana de su pareja. En ambas historias la muerte toma parte central: en la primera, la muerte de una pequeña hija para sus padres en un país lejano, y en la segunda la muerte de Juliette, quien deja a su joven familia deshecha. Estas historias permiten a Carrère, un mero espectador, armar un relato coherente, significativo, que intenta contar los hechos tal cual fueron percibidos por las personas.  

El escritor de lolo.
Personalmente, la segunda historia fue la que más me conmovió, además, fue la historia más desarrollada por el autor. De hecho, al mirar hacia atrás, pienso que ésta es la gran historia del libro, debido a la complejidad con que fue abordada: la muerte de Juliette, contada por su colega jurista Étienne y su marido dispar, Patrice. Lo que hace Carrère es juntarse con ambos por separado y escuchar lo que dicen acerca de su relación con la fallecida. Pero Carrère lo interpreta con tanta delicadeza y sencillez que sus palabras cobran sentido para mí: el sufrimiento, el amor y el coraje aparecen como sentimientos humanos cotidianos y generosos. Como diría Juliette, inválida a causa de un cáncer, a Étienne: “no pasa un día sin que me diga: tengo el amor. Todo el mundo lo persigue, pero yo, que no puedo correr, lo tengo. Me gusta esta vida, me gusta mi vida, la amo totalmente, ¿comprendes?”.

Por otro lado, una tercera y menor historia, pero no por eso menos hermosa, es la que el escritor cuenta sobre sí mismo, sobre su proceso como narrador y como persona, de sus miedos y frustraciones. Carrère se acerca a los dos relatos mencionados anteriormente, pero lo hace, también, desde su condición de “hombre sano”, nunca olvidando que las desgracias ajenas son precisamente eso: desgracias de otros. Esta actitud le confiere seguridad y desplante en la narración, agradeciendo más de una vez el hecho de que a él no le haya ocurrido esas tristezas: no le ocurren a él, ni a su pareja, ni a sus hijos, sólo le afectan de manera tangencial, lejana, invocando el egoísmo, tan humano -o construido. Sin embargo, el dolor ajeno le vuelve una persona vulnerable, le hace recordar su pequeña miseria: “Pero lo general, que es el amor, me habrá faltado. He sido amado, sí, pero no he sabido amar o no he podido, es lo mismo. Nadie ha podido descansar jamás en mi amor con absoluta confianza. y yo no descansaré al final en el amor de nadie”. Este tipo de frases -así, tan abierta y honesta, pero al mismo tiempo desinteresada- nos muestran al autor de manera verdaderamente íntima, sin ropajes, sin velos que tapen sus sentimientos. Nos habla un hombre que se confiesa a través de sus letras.

Es un libro que realmente me atrapó, lo leí muy rápidamente en mi ratos libres y mis viajes en metro. Una historia tan bien contada, tan emocionante e intensa. Confieso que me emocionó hasta las lágrimas, y agradecí profundamente haberlo leído. Cliché, pero igual: un libro más que bacán sobre la vida y el amors.

Portada del libro
Editorial: Anagrama



jueves, 23 de noviembre de 2017

Una librería en Berlin, de Françoise Frenkel

Una librería en Berlín es un libro muy bonito. En general, me están gustando mucho las historias que nacen de experiencias reales, en donde el autor/a es el protagonista de su historia -o al menos algún personaje dentro de ella. Una librería en Berlín es el diario de una constante huida; es el diario de una librera huyendo -y sobreviviendo- del fascismo durante la II Guerra Mundial. Y su autora, una judía amante de los libros que escribe y escribe sobre cómo debe emigrar de una ciudad a otra buscando contención, comprensión y complicidad.


El dato curioso de este libro, publicado por primera vez en Ginebra el año 1945, es que la obra fue re-descubierta recién el 2015 por un escritor francés quien se interesó en la historia, compartiéndola  con su círculo literario, sin conocer nada sobre la autora. De este modo, llega a una conocida editorial francesa y este año es publicado en español por la editorial Seix Barral, logrando convertirse en todo un éxito, a más de setenta años de su publicación original. Éxito, porque se trata de un libro sencillo,  sin mucho maquillaje y con un lenguaje sobrio sin pretensiones.


Poco se sabe de la autora-protagonista. Y eso es, precisamente, a mi modo de ver, lo que convierte esta obra en algo sumamente rico: el misterio que envuelve su producción. Difícilmente podemos imaginar su apariencia física, no existen fotografías sobre ella, solamente algunos documentos que demuestran que efectivamente se ocultaba de los nazis (un documento de sus baúles en bodega lo demuestra). Efectivamente, se trata de la «carta de una desconocida», como lo señala Patriclk Modiano en su prólogo.

Françoise Frenkel es una mujer polaca, con estudios de literatura en París, ciudad donde reside varios años antes de instalarse en Berlín, atractiva capital intelectual de los años veinte. Es en esta amada ciudad donde decide instalarse con una librería, pero no cualquier librería, sino una muy especial para ella: una librería que solo disponía de libros en francés, su lengua y cultura predilectas. Su decisión se convierte en todo un éxito, pues, a pesar de lo dificultoso que parecía eso en Berlín, pronto la librería comienza a albergar a diplomáticos e intelectuales del sector, convirtiéndose en un centro clave de la vida bohemia berlinesa.

Algo que me gustó mucho es la pasión con que la autora relata su relación con la literatura, especialmente, el formato de los libros. En diversas páginas expresa esta pasión por las letras y el mundo que les envuelve “Mis regalos preferidos eran los libros, que se acumulaban en las estanterías de las paredes de mi habitación de niña”. Asimismo, nos describe el verdadero arte y vocación de ser librero/a, sobre cómo aprender a conocer a las personas y los libros: “Aprendí así a conocer a los «clientes» del libro. Me esforzaba por penetrar en sus deseos, por comprender sus gustos, sus opiniones y sus tendencias, por adivinar las razones de su admiración, de su entusiasmo, de su alegría o su descontento por tal o cual obra” (¡que todxs los libreros/as sean así!).


Eso al principio del relato. Prontamente, la historia da un violento vuelco, cuando Françoise se ve obligada a emigrar debido a la persecución nazi. De allí en adelante, su historia se convierte en la historia de la superviviencia. Una serie de ciudades, anécdotas, tristezas y variopintos personajes aparecen y desaparecen de la historia, quedando siempre la protagonista, sola. La forma de narrar empleada por la autora es cautivante, a veces logra emocionar, pues, nos hace parte de su dolor al no poder vivir su vida con tranquilidad, “yo amaba la vida, y la idea de volver a ver a mi madre y a los míos me daba la energía para buscar la salvación”. La desesperación, la incertidumbre y la indiferencia son sentimientos con los que debe lidiar a diario, pero siempre agradecida de las buenas personas con quienes se encontraba en el camino, quienes sin pedir nada a cambio le ayudaban, a ella y a tantos otrxs.

La autora se desespera, se sincera en sus hojas en blanco, es honesta consigo misma. En el fondo, nos invita a ser quienes somos cuando nadie nos lee/ cuando nadie nos mira. ¿Somos capaces de expresar los mismos sentimientos? Quizás no. Aquí entra el importante y principal componente de esta obra, a mi modo de ver, la memoria y el olvido. La constante dialéctica entre una y otra. El relato que pudo ser olvidado, que pudo quedar oculto, pero que logró ver la luz por un accidente. El relato de la memoria como vehículo para movilizar y visibilizar aquello que fue silenciado.

lunes, 23 de octubre de 2017

A sangre fría (1966), de Truman Capote


A sangre fría es todo un clásico dentro de la literatura contemporáneo y su autor, Truman Capote, uno de los escritores estadounidense con mayor reconocimiento mundial. Conocía a Capote, pero no de manera literaria, sino por la película Breakfast at Tiffany’s, de cuyo libro él es el autor (sí, es un libro!).


Hay mucho que decir sobre este man, ciertamente fue un atractivo personaje dentro de la escena literaria del siglo XX, destacando por su abierta homosexualidad, sus excéntricas amistades, su vestimenta y sus osadas columnas de opinión en diarios neoyorkinos -tal como él mismo señaló en una entrevista: "Soy borracho, soy drogadicto, soy homosexual, soy un genio".

Pero además destacó por ser el creador de un nuevo género literario -o periodístico-, el de la novela de no ficción (Non-fiction novel). Este género combina a la perfección la novela y el reportaje, es decir, la ficción y la realidad, a través de una rica narración. Cabe mencionar que varios/as autores/as utilizan esta forma de recrear historias, uno que me gusta mucho es Emmanuel Carrère, con su El adversario.


Capote relata en tercera persona el macabro asesinato de los cuatro integrantes de la familia Clutter, en un pequeño pueblo del estado de Kansas. Los Clutter eran una tradicional familia norteamericana de los años cincuenta, se dedicaban al cultivo de sus campos y a mantener las costumbres y buenos hábitos de su religión. El padre, Herbert, era un hombre catalogado de intachable, sobresalía por su carácter amistoso y la fortuna que poseía sin hacer alarde de ella, más bien al contrario, era bondadoso y protector de sus empleados. Su señora, Bonnie Fox, era tímida, delicada y retraída, sufría de depresión, lo que la convertía en la integrante más opaca de la familia. El matrimonio tenía cuatro hijxs: Eveanna, Beverly, Kenyon y Nancy, estos dos últimos, aún adolescentes, vivían con sus padres en casa, destacándose por ser estudiosos y afables. En general, la familia se caracterizaba por llevar el emblema patrio y sus costumbres, siendo muy queridos y respetados en el pueblo. Por eso nadie se explicaba cómo era posible un crimen de tal magnitud, con tanta cizaña.


Al avanzar las páginas, Capote va mezclando la historia de los Clutter con la historia de Dick y Perry, dos jóvenes errantes, sin rumbo, ex penitenciarios. La gracia está en conocer cómo ambas historias se cruzan hasta convertirse en una sola. ¿Qué tenían que ver los Clutter con dichos jóvenes? ¿Por qué Dick y Perry los conocerían? ¿Qué tipo de misterio se encierra en esta relación? En resumen, A sangre fría explica cómo el pueblo de Holbcomb se estremece ante el asesinato de esta familia, crimen sin ningún sentido aparente y cómo los asesinos son capturados y sentenciados.


Es interesante leer cómo el autor logra minuciosas descripciones de sus personajes, especialmente de Dick y Perry, lo cual nos permite adentrarnos en sus personalidades, historias íntimas y a encontrar alguna explicación a lo sucedido. Ambos personajes eran muy diferentes entre sí, con vidas distantes y formas de pensar muy distintas. Llama la atención la meticulosidad con que el autor aborda estos temas, siempre desde la indiferencia y la observación detallada.


Desde mi punto de vista, lo extraordinario de esta obra es el metódico trabajo de investigación que se llevó a cabo. Capote investigó por casi cinco años este crimen; se interesó en el caso apenas leyó la noticia en los diarios, y posteriormente se dedicó a recopilar información y diversos documentos, llevando a cabo un rígido trabajo de campo, digno de su labor como periodista -su oficio principal. La reconstrucción de este crimen real transita entre los límites del periodismo y la literatura. El trabajo realizado por Capote incluyó la compañía de su amiga Harper Lee, también escritora, autora del famoso Matar un ruiseñor, y juntxs estuvieron por meses en Holcomb, realizando entrevistas y observación en terreno para comprender las costumbres del poblado.

A Sangre fría es un libro que intriga, que te atrapa. Al principio me costó tomarle el ritmo porque es un libro más bien gordo (casi 400 páginas), pero luego no podía dejar de leerlo, porque en cada página la historia vuelve a abrirse a múltiples posibilidades, sospechas e interrogantes. Me gustó y si lo pueden leer, ¡genial!


domingo, 4 de junio de 2017

Sumisión (2015), de Michel Houellebecq

Houellebecq es un reconocido poeta, novelista y ensayista francés, considerado uno de los máximos exponentes de la llamada “nueva narrativa francesa” (Nouveau Roman) de finales del siglo XX y comienzos del XXI, junto a otrxs escritorxs como Emmanuel Carrère, Patrick Modiano y Amélie Nothomb, por nombrar solo algunos. Las principales características de esta nueva narrativa son el lenguaje afilado y mordaz, el amor como constante interrogante, el reconocimiento del problema del otro como tema relevante y el contexto sociopolítico actual como escenario de representación. De todos modos, es importante señalar que escritores, como R.Bolaño indican que hablar de literatura de x país no es más que un prejuicio, pues, se cae en un reduccionismo aberrante, ya que “la literatura no tiene nacionalidad”. Podemos o no estar de acuerdo (yo difiero bastante), pero lo que sí se puede destacar en Houellebecq, es su sentir pesimista y contradictorio frente a esta postmodernidad tan vulgar y compleja.

Sumisión se enmarca en una futura Francia del 2022, año convulsionado por la elecciones presidenciales que, ante los débiles partidos tradicionales, dan el triunfo al Partido Fraternidad Musulmana, cuyo líder Mohamed Ben Abbes se convierte en el primer Presidente musulmán del país, personaje ficticio que derrota a Marine Le Pen (candidata real a la presidencia francesa, por el Frente Nacional -ultraderecha-). En este contexto, François es el protagonista narrador: un tranquilo profesor de la Universidad de la Soborna, soltero, alcohólico, además de enamoradizo, nostálgico y poco tradicional galán -nada atractivo- y con varios problemas a la salud.

En esta novela es imposible disociar el mundo de lo público con el de lo privado. Constantemente, François realiza diversos comentarios y acotaciones sobre el complejo escenario en donde la llegada al poder de la Fraternidad Musulmana remueve tanto lo político como las relaciones sociales y personales, convirtiendo a Francia en el primer país europeo-musulmán: se intenta privilegiar un proyecto educativo centrado en la religión como elemento unificador y formador de una nueva ciudadanía dominada por hombres, que relega a las mujeres a las labores domésticas y familiares. Asimismo, se instala la poligamia como forma de hacer familia y el Corán como regla moralizante ante una sociedad corrompida. Entre tanto, François nos cuenta sobre sus amoríos, su contrariado oficio de profesor y el competitivo mundo de la academia, dispuesto a callar por la obtención de beneficios personales.

La publicación de Sumisión provocó un profundo revuelo mediático en Europa, especialmente, debido a que el mismo día en París se perpetró un atentado a las oficinas del semanario satírico Charlie Hebdó, en cuya portada aparecía Houellebecq a modo de profeta, con su reciente libro publicado. Desde el primer día, Sumisión desató una polémica, deseada o no por su autor. Se le acusó de islamófobo, de querer desprestigiar la imagen de los musulmanes en Francia, país en donde la migración es cada vez en un tema más delicado, debido a las crecientes protestas antimigratorias, raciales y ultra-nacionalistas. Esta atmósfera no deja de ser relevante para comprender la discusión suscitada por Sumisión, al mismo tiempo que dejaba el camino listo para ser un éxito de ventas en todo el mundo.


En fin, a modo personal, varios puntos se observan como interesantes. En primer lugar, la literatura, o el amor-odio hacia ella que profesa el protagonista narrador. La literatura como forma de expresar quiénes y cómo somos; la libre expresión como única arma para salvarnos y la entrega total hacia la honestidad de las letras. La relación de  François con Huymans -escritor de cuya obra realiza su tesis doctoral- se torna real y, apasionante, pues, “Igualmente, un libro que nos gusta es ante todo un libro del que nos gusta el autor, al que deseamos conocer y con el que apetece pasar los días”. Por otro lado, aparece la personalidad del protagonista como la de un ser agobiante, oscuro y sin mayores ambiciones.  François, un cuarentón incapaz de expresar sus sentimientos de manera clara, aparece oculto tras la máscara -o realidad- de un hombre frío sin una vida propia, fuera de las salas de clases. Este protagonista narrador se mueve en órbitas parecidas a las que trata Houellebecq en otras obras: política y sexo.

En segundo lugar, otro punto relevante es la descripción que realiza sobre la política como aparato más bien pragmático, y no tanto ideológico: “La mayoría de la gente parecía haberse cansado de oír hablar del tema [las elecciones presidenciales] y, en el entorno que frecuentaba, el cansancio había aparecido antes que en otros sitios: ocurriría «lo que tenga que ocurrir», así podría resumirse el sentimiento general”. La sociedad francesa es descrita como una sociedad apolítica: sin definiciones claras sobre el futuro compartido-deseado, y que no apunta a grandes transformaciones sociales, sino más bien a la seguridad en temas valóricos y morales -en una especie de “vuelta al tradicionalismo”. En el libro, el partido musulmán capta ese malestar y logra liderar la «crisis de los valores».

Finalmente, un aspecto relevante, y muy relacionado a los anteriores- es el marcado nihilismo del protagonista y su recurrente nostalgia sobre el pasado. François observa en el futuro del país -liderado por el partido musulmán- una auténtica solución a sus problemas existenciales: cierta estabilidad económica, social y espiritual abre esperanzas para su inalterable y apacigua vida: “Que mi vida intelectual había acabado era una evidencia cada vez más obvia, aún participaría en vagos congresos, viviría de mis restos y de mis rentas; pero empezaba a adquirir consciencia -y eso era una verdadera novedad- de que, probablemente, habría otra cosa”.

Sumisión es un libro que me gustó, especialmente, porque se trata de una historia actual que representa de buena forma algunas cuestiones políticas fundamentales: la apolitización de las masas, el desencantamiento del mundo, la exageración y la vuelta al tradicionalismo en su faceta más temida por algunos franceses: el islamismo. Si bien, pienso que el libro trae algunos excesos, es sin dudas una buena lectura para reflexionar sobre la política y sus formas de penetrar en nuestras vidas privadas.



domingo, 14 de mayo de 2017

La analfabeta que era un genio de los números (2014), de Jonas Jonasson

Llegué a este libro en una visita a la Feria del Libro, andaba buscando algo nuevo y el librero me habló sobre este autor, especialmente, sobre su primera novela El abuelo que escapó por la ventana y se fugó, pero su precio era ridículo (20k, wtf). Así que me decidí por La analfabeta que era un genio de los números… y pienso que la historia de Nombeko Mayeki es fresca y entretenida: no contiene espacios melancólicos o reflexivos, y sí promete más de alguna risa.


El autor

Jonas Jonasson, el autor, es un periodista y escritor sueco. El 2009 publicó su primer libro El abuelo que saltó por la ventana..., el cual se convirtió prontamente en súperventas, vendiendo más de 15 millones de copias (¡La película está en Netflix!). Esto le valió el reconocimiento del mundo literario, con lo cual dejó su oficio anterior para dedicarse de lleno a la escritura. Lo que he leído sobre ese libro es que es muy divertido y que contiene la misma lógica que La analfabeta...: una historia mordaz con personajes ficticios y reales desplegados en un escenario globalizado.

En resumen, puedo decir que La analfabeta... es un libro ameno -jaja, odio esa palabra. Se lee de forma rápida porque está escrito en un lenguaje coloquial y muy sencillo. Trata la increíble historia de Nombeko Mayeki, una niña sudafricana que trabaja desde los cinco años limpiando baños en un barrio/gueto; esto, durante la época del Apartheid, lo cual enmarca la historia en un contexto de sufrimiento, discriminación y dominación social. Tal como señala el autor muy al comienzo del libro: “Si eras negro, sucio y medio desdentado, no tenías ninguna posibilidad de encajar en el mundo blanco de la Sudáfrica de los años sesenta, por más rico que fueses”.


Nombeko, sin embargo, sabe doblarle la mano a su destino, ya que posee una habilidad insólita con las matemáticas y, además, un intelecto muy superior que la hace acercarse a nuevos conocimientos. Un día su vida cambia para siempre, cuando es atropellada por un ingeniero ebrio, por lo que es condenada a servirle durante 7 años. Desde ese momento, se ve expuesta a una serie de acontecimientos fuera de toda lógica, llegando a participar en la fabricación de 7 bombas atómicas, terminando con una de ellas en Suecia, “Una bomba atómica extraviada en Suecia durante veinte años. Madre mía, ¡inadmisible e inconcebible!”. La historia es sobre cómo sobrevivir al cuidado de la bomba, mientras curiosos personajes entran y salen de la comedia.


Pero también está la historia paralela de Ingmar, el desquiciado padre fanático de la idea de revocar el régimen monárquico de Suecia, para lo cual con su mujer conciben dos hijos Holger 1 y Holger 2, quienes legalmente son una sola persona: solo inscribe a uno de ellos en el Registro Civil, mientras que el otro es ilegal desde su nacimiento.

Algo que me gustó mucho es que este libro mezcla de forma original la ironía /o idioteces/ con la agenda política del mundo real. Al comienzo, el autor pone como escenario la Sudáfrica del Apartheid, luego aparece la Guerra Fría y posteriormente la historia se traslada a la Suecia moderna, con sus pequeños pueblos esparcidos. De modo que nadie se salva en esta historia, todxs son retratados de forma sarcástica, sin guardar pudor o respeto a ciertas figuras, entre ellas, la monarquía sueca, el Primer Ministro de dicho país, el mítico Nelson Mandela y Jimmy Carter, entre otros. Pero lo hace de manera divertida, con frases cortas que sacan alguna risa.

Esta historia está construida en base al sinsentido, pues, ocurren situaciones que rayan en lo absurdo , pero que son relatadas como naturales. Asimismo, no es de extrañar que excéntricos personajes se tomen la obra: el chalado detractor de la monarquía, el borracho ingeniero Westhuizen, los antagónicos gemelos Holger y Holger, el trío de irresponsables hermanas chinas, la rebelde Celestine, y tantos otros que ya no recuerdo. Claramente, no es un libro inspirador o que dé para mucha reflexión, pero si tienes tiempo y ganas de leer algo para distraerte, ésta puede ser la opción. No es más que eso. Chao.


Portada del libro
Editorial: Salamandra
Pgs: 413